29 oct 2020

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EN CLAVE EUROPEA

Polonia, nueva brecha en la UE

Eliseo Oliveras

La aplastante victoria en Polonia el 25 de octubre del ultraconservador, euroescéptico e hipernacionalista Partido Ley y Justicia (PiS) acentuará las tensiones de una Unión Europea (UE) que avanza ciega y despreocupada hacia un proceso de descomposición. El partido populista, que controlaba desde mayo la presidencia de la República, ha logrado la mayoría absoluta en las dos cámaras del Parlamento. Por primera vez desde la caída del régimen comunista en 1989 un partido dispone del poder absoluto en las instituciones polacas. En el anterior periodo en que el PiS gobernó en coalición (2005-2007), su actitud y nacionalismo extremo generaron constantes conflictos con la UE y Alemania.

El abrupto giro que representa el triunfo el partido de Jaroslaw Kaczynski abre un nuevo frente en una UE descohesionada, que aún no se ha recuperado de la crisis económica y financiera, que se encuentra desbordada por la ola de refugiados y que carece de una estrategia colectiva a largo plazo. La UE se está desdibujando a través de los draconianos 'diktats' impuestos a Grecia, la creciente precarización económica de los europeos, el autoritarismo rampante en Hungría, el deterioro institucional en otros países, la renacionalización europea liderada por Londres, los bloqueos en la política exterior común y el avance de la extrema derecha y los movimientos populistas conservadores.

El éxito electoral del PiS y la derrota de la gubernamental Plataforma Cívica (PO), pese al espectacular crecimiento económico de los últimos años, representa un aviso y un anticipo del auge de otras fuerzas populistas conservadoras e incluso de extrema derecha, que puede producirse en otros países menos boyantes económicamente.

RECHAZO A LOS REFUGIADOS

El alejamiento de los políticos de Plataforma Cívica de los problemas de la gente, la persistencia de un porcentaje elevado de la población que no se beneficia del crecimiento polaco y el sentimiento de indefensión ciudadana frente al poder sin cortapisas de la banca y las grandes compañías son factores que han contribuido al triunfo del PiS, a pesar de los éxitos económicos del Gobierno liberal-centrista saliente.

El rechazo a la acogida de refugiados, con el respaldo de la jerarquía de la Iglesia, fue uno de los argumentos electorales del PiS. Por ello, este será uno de los primeros conflictos del nuevo Gobierno con la UE y Alemania. Kaczynski llegó a afirmar que los refugiados podían contaminar el país con enfermedades infecciosas y parásitos.

Otro foco de conflicto con la UE y la Comisión Europea es la promesa electoral de la futura primera ministra, Beata Szydlo, de rebajar la edad de jubilación a 65 años para los hombres y a 60 años para las mujeres, que el Gobierno saliente había elevado a 67 años siguiendo las directrices europeas. Los anunciados impuestos especiales a los bancos e hipermercados, la rebaja fiscal a las pequeñas empresas, las medicinas gratuitas a los ancianos y la reforma del impuesto sobre el valor añadido (IVA) también generarán tensiones con la UE. Kaczynski además mantiene una pésima relación con el presidente de la UE, el exprimer ministro polaco y rival político, Donald Tusk.

Kaczynski, que admira al autoritario primer ministro húngaro, Viktor Orbán, aspira a reformar la Constitución y remodelar Polonia en línea con su ideario ultraconservador. Pese a que no dispone de la mayoría cualificada de dos tercios, el PiS podría lograr su objetivo con el apoyo del movimiento antisistema de derechas Kukiz, que fue la tercera fuerza más votada.

El nuevo Gobierno polaco será un aliado crucial para el primer ministro británico, David Cameron, en su estrategia de lograr una Europa menos unida y con mayor soberanía de los estados. El veto del presidente polaco, Andrzej Duda, a prorrogar hasta el 2020 el Protocolo de Kioto abre otra brecha en la UE de cara la cumbre mundial sobre el clima de París que comienza el 30 de noviembre.

La profunda rusofobia que caracteriza al PiS complicará aún más la política exterior europea y podría dificultar la recomposición de las relaciones con Rusia, que la UE necesita para poner fin a la guerra civil en Siria (y a la avalancha de refugiados) y resolver la temporalmente estabilizada guerra en Ucrania.

La demanda de un mayor despliegue militar permanente de la OTAN, que el presidente polaco planteará en la cumbre regional de la Alianza el 4 de noviembre en Bucarest, no contribuirá a calmar la extrema susceptibilidad de Moscú sobre la presencia de fuerzas de la OTAN cada vez más cerca de la frontera rusa.