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Así es la solidaridad de los alemanes con los refugiados

La sociedad se organiza en grupos de voluntarios para atender a los refugiados

Un grupo pone en contacto a los recién llegados con berlineses dispuestos a ceder parte de su casa

Carles Planas Bou

Voluntarios distribuyen comida en la estación de Múnich a refugiados procedentes de Budapest.

Voluntarios distribuyen comida en la estación de Múnich a refugiados procedentes de Budapest. / (AP/MATTHIAS SCHRADER

Aunque en los últimos meses los minoritarios movimientos xenófobos de Alemania se han hecho notar con actos vandálicos y agresiones a los inmigrantes extranjeros, la realidad en las calles es otra muy diferente. Ante la desesperación de muchos refugiados, la ciudadanía alemana ha dado un paso al frente y se ha organizado para prestar ayuda.

En Berlín, la actividad de los voluntarios es frenética. Muchos son jóvenes que piensan que el momento de actuar ha llegado. Arthur tiene 24 años y colabora con un grupo que se dedica a buscar casa a los refugiados. «Hay gente que tiene un sofá o una cama libre en casa y nosotros nos encargamos de que estos vacíos los ocupe alguien que lo necesita», cuenta entre papeles y llamadas de otros voluntarios.

Uno de esos necesitados es Hilal. A los 23 años huyó de Egipto desesperado por la violencia y la represión del régimen. Su odisea para terminar en Berlín le llevó por Italia, Mónaco y Suiza. Alemania siempre fue su destino y ahora, tras un año y cinco meses en el país en que los que intercaló noches en un pequeño hotel y en un campamento, aún intenta encontrar una manera para sobrevivir. «Solicité el asilo pero denegaron mi petición y me quieren deportar», cuenta con un alemán muy trabajado. Ahora no tiene a donde ir.

REFUGEES WELCOME

Refugees Welcome es otro de los movimientos de apoyo ciudadano a los refugiados que más impacto ha tenido. Esta iniciativa, impulsada por tres jóvenes alemanes y conocida como el Airbnb de los refugiados, se dedica a poner en contacto a los recién llegados que solicitan asilo y a berlineses que están dispuestos a ceder un rincón de su casa. La integración es una meta esencial para sobrevivir en un país nuevo y tener un sitio donde dormir puede ser el primer paso.

También, el movimiento Oplatz es uno de los más activos de la capital, con una programación diaria destinada a tratar de hacer un poco menos difícil la adaptación de los refugiados. Tres veces a la semana, voluntarios imparten clases de alemán que les permitan guiarse. Distraer a los pequeños puede ser tan importante como apoyar a los adultos, por eso se organizan partidos de fútbol y baloncesto, equipos para ir a correr por los distintos parques que tiñen la ciudad de verde, talleres y sesiones de cine.

La concienciación de la ciudadanía alemana es tan fuerte que en algunos casos la solidaridad se desborda. Es lo que pasó el pasado martes en Múnich. Las autoridades esperaban la llegada de unos 600 refugiados e hicieron una llamada por Twitter a la población para que ayudara. Pocas horas después y ante la sorpresa general, la policía se vio obligada a pedir que se frenaran las donaciones. La estación central estaba llena de refugiados pero inundada de comida, ropa y juguetes que habían traído los ciudadanos de la capital bávara.

LA HUÍDA DEL ESTE 

El apoyo de los alemanes a la aceptación de refugiados es muy amplia. Muchos tienen en mente el fantasma de la segunda guerra mundial o la huida de la Alemania oriental durante la guerra fría. Ahora, con la crisis más dura desde 1945 golpeando las puertas de Europa, Alemania parece estar dispuesta a abrirlas. Eso también se pudo apreciar este pasado fin de semana en muchos estadios de fútbol donde los aficionados exhibieron pancartas dando la bienvenida a los refugiados. Incluso la selección nacional, campeona del último Mundial, ha lanzado una campaña denunciando los ataques xenófobos. El Bayern de Munich financiará con un millón de euros un campamento para refugiados.

Apoyado en un banco de la Orianenplatz berlinesa, Arthur llama a uno de los contactos de su lista. A su lado, Hilal espera pacientemente con cara amable. «He estado durmiendo en la calle y en casa de algunos amigos. Me gusta Alemania y lo único que quiero es trabajar», añade con la voz cansada de aquel quién ha tenido que repetirlo centenares de veces. Arthur le mira y le sonríe. Esta noche Hilal tendrá un sitio donde dormir.

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