29 oct 2020

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DRAMA HUMANO

La foto del niño sirio "no es macabra, solo rompe corazones"

El impacto de la foto sin vida de Aylan es defendida por su impacto en la crisis de los refugiados mientras otros sostienen que fomenta el voyeurismo

ALBERT GUASCH / BARCELONA

El guardacostas turco, instantes antes de recoger de la arena el cadáver del pequeño Aylan.

El guardacostas turco, instantes antes de recoger de la arena el cadáver del pequeño Aylan.

«Cuando me di cuenta de que no había nada que hacer para devolver a la vida a aquel niño, pensé que tenía que tomar su foto y mostrar la tragedia». Nilufer Demir, la fotógrafa que realizó las instantáneas, fue requerida ayer por los medios para explicar su trabajo: qué hacía ahí, cómo vio el diminuto cadáver, qué pensó, cómo reaccionó.... Sus fotos del pequeño Aylan Kurdi, el niño sirio de tres años varado sin vida en una orilla desangelada, aparecieron ante los ojos de todo el mundo con la rapidez con que las imágenes poderosas ruedan hoy día. «Espero que el impacto de esta foto ayude a lograr una solución», apostilló.

Demir, de la agencia de noticias turca Dogan, se refería en concreto a la imagen que ilustra esta página y que apareció en la portada de EL PERIÓDICO de ayer y de decenas de diarios en todo el mundo. Muchos otros optaron por la del guardacostas turco cargando en brazos el ligero cuerpo de Aylan. Es esta segunda una imagen menos contundente, menos estomacal.

Es fácil imaginar las prevenciones iniciales y las dudas en muchas redacciones antes de tomar una decisión. El carácter simbólico de la fotografía, la sensación de que podría significar un antes y un después en la crisis de los refugiados, pesó a buen seguro en los debates.

Las reacciones fueron inmediatas. De luctuosa conmoción en unos casos; de virulencia e indignación en otros. Unos entendían que hacía falta una sacudida para que los gobiernos europeos salieran de la lacerante parálisis actual; otros hablaron de sensacionalismo y voyeurismo. Discrepancias agudas.

Repasemos las trincheras. A favor de publicar la versión más dura se cuenta el francés Le Monde, que tituló su editorial así: «Una foto para abrir los ojos». Esta fue su reflexión: «En los próximos años, los historiadores juzgarán a los europeos sobre cómo dieron la bienvenida a los que huyeron de la muerte bajo las bombas. Y el capítulo sobre ese punto se abrirá con una imagen: la del cuerpo de un pequeño sirio llamado Aylan Kurdi, que se ahogó una mañana sombría en septiembre del 2015».

Conviene apuntar también la percepción de Los Angeles Times, en concreto de Karen Murphy, su jefa de Internacional: «La imagen no es ofensiva, no es macabra, no es de mal gusto; simplemente te rompe el corazón». Una idea en la que ahondó la periodista de Tele 5 Carme Chaparro, que en su blog publicó lo siguiente: «Sé que la fotografía es dura. Sé que la imagen de un niño muy pequeño ahogado en una playa rompe corazones. Pero quizá lo que hace falta sea eso, que se rompan corazones. De una maldita vez. Y, ojalá, la imagen de este niño al que sus padres intentaron salvar de las bombas, y que terminó muerto en el mar, sirva para que nosotros, la opinión pública, presionemos a nuestros gobiernos. Y que nuestros gobiernos empiecen a tomar medidas».

Vayamos a la trinchera de los contrarios y sus argumentos. En Yahoo escribió un duro post el periodista Javier Taeño: «La publicación de esta foto sin ninguna contextualización en muchas ocasiones solo ha respondido al morbo y al sensacionalismo con el que se alimentan los medios». Y añade: «Aylan es uno de los últimos, pero antes que él más de 11.000 niños habían fallecido durante el conflicto. Más de 11.000 vidas, historias y sueños sesgados que no se conocieron por el hecho de que no murieron en una playa europea».

Los diarios alemanes, muy atentos al drama de los refugiados, en casi su totalidad prescindieron de la foto de Aylan. Esto escribió Stefan Plöchinger, responsable de la web del diario bávaro Süddeutsche Zeitung. «¿Hemos de exigirles a ustedes como lectores que contemplen la foto de un niño muerto en el desayuno para que los aspectos inhumanos de la política de asilo pasen a formar parte de su discurso personal?».

Vox Media, un medio digital en auge en EEUU, optó por retirarla a la vista de su omnipresencia. «La foto se ha viralizado y de alguna forma me preocupaba que para muchos la imagen no inspirara compasión sino solo voyeurismo», dijo su director editorial, Max Fisher.

Mención aparte merece el Libération. Ayer presentó excusas a sus lectores por no publicar la foto de Aylan. No fue una cuestión de pudor. El motivo es más peregrino. «La respuesta, por desgracia, es muy simple: no la vimos». El rotativo francés relató que en un primer visionado rápido fue descartada por alguien a toda prisa. «Un error», admitieron.

HOSTILIDAD BRITÁNICA

El propósito de su publicación, sacudir conciencias, molestar a los Gobiernos, forzarles a responder, se consiguió. Casualidad o no, ayer las instituciones europeas dieron a conocer nuevas propuestas; Merkel y Hollande salieron de nuevo a la palestra. Y presidentes reticentes a asumir más refugiados como Mariano Rajoy fueron increpados por la oposición. También David Cameron, evasivo como pocos en Europa, debió defenderse. «No hay una solución a este problema que pase solo por aceptar más gente», dijo.

Curioso el caso británico. Sus medios suelen ser muy hostiles a los inmigrantes. Llevan años vendiendo que quitan trabajo a los locales. Y ayer todos reclamaron a Cameron generosidad. Hasta el inmisericorde The Sun, amonestado en una ocasión por la propia ONU porque uno de sus columnistas tildó a los inmigrantes de «cucarachas», se sumó a la corriente.

Falta por ver ahora el recorrido del impacto de la foto, si será duradero y si ayudará a resolver un éxodo trágico. El periodista Iñaki Gabilondo desconfía. Lo verbalizó en su videoblog. «La imagen es brutal, pero se olvidará pasados unos días. Nos hemos deshumanizado».

No es lo que espera el padre de Aylan, un desgarrado Abdulá Kurdi, «Tengo un gran sufrimiento. Pero queremos que la gente vea las cosas que nos han pasado en Turquía, donde nos hemos refugiado para huir de la guerra. Que la gente las vea para que no le pase lo mismo», dijo.