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CARRERA A LA CASA BLANCA

Sanders, muy a la izquierda de Hillary

Bernie Sanders, un senador de 73 años, se ha erigido en un fenómeno al movilizar al sector demócrata más progresista y presentarse sin reparos como «socialista»

IDOYA NOAIN / NUEVA YORK

La política estadounidense vive estos días absorta y dominada por la Trumpvolución. En la campaña de Hillary Clinton se frotan las manos imaginando un duelo con el empresario deslenguado sin experiencia política que alienta los más oscuros sentimientos de xenofobia y radicalismo. Antes de pensar en el rival republicano para el 2016, no obstante, Hillary debe asegurarse la candidatura, y aunque en los sondeos a nivel nacional no tiene rival, debe empezar a preocuparse por alguien que ha puesto en marcha su propia revolución, pero por la izquierdaBernie Sanders.

Cuando el veterano senador de Vermont anunció su candidatura, muchos lo daban por un outsider sin más posibilidades que impulsar el debate progresista. Desde ese primer momento, sin embargo, su campaña empezó a sumar adeptos, ha ido cobrando categoría de fenómeno con los mítines más masivos y está movilizando a buena parte de la base más progresista, desencantada con el establishment demócrata que nadie encarna como Clinton.

Según Sanders, urge «un movimiento político preparado para competir con la clase de milmillonarios» y el viernes mismo recordaba al partido, rememorando los nefastos resultados de las últimas legislativas, que «los demócratas no mantendrán la Casa Blanca ni recuperarán el Senado o la Cámara de Representantes y no tendrán éxito en docenas de carreras a gobernador en todo el país a no ser que generemos emoción y produzcamos una enorme participación electoral». Él lo genera en muchos más Estados que Clinton, y ha empezado a adelantarla en algunas encuestas en Nuevo Hampshire y acorta distancias en Iowa.

«Grotesca desigualdad»

Huérfana de la ansiada candidatura de la senadora Elizabeth Warren, la izquierda se vuelca con un hombre de 73 años, en política desde 1981, que desde sus inicios como alcalde de Burlington y luego como congresista y finalmente en el Senado nunca ha tenido reparos en presentarse como «socialista», pese a la demonización del concepto en EEUU.

Frente a candidatos que parecen haber descubierto la desigualdad económica a partir de la última crisis, Sanders -nacido en Brooklyn de un padre inmigrante polaco e instalado en el progresista Vermont tras pasar por la Universidad de Chicago-, tiene la ventaja de llevar décadas denunciándola. Y es fácil recuperar antiguos discursos donde ya lanzaba alertas como las de hoy por la «grotesca desigualdad» en EEUU o por su visión de que «la sociedad avanza rápidamente hacia una forma oligárquica en que un pequeño número de familias controlan la economía y el sistema político».

Sanidad totalmente pública

Ese es el eje de su campaña pero hay mucho más. Su programa, auténtico decálogo progresista, tiene propuestas como subir el salario mínimo, igualar salarios entre hombres y mujeres y dar bajas pagadas por maternidad o enfermedad. Propone también grandes inversiones en infraestructuras, ampliar la Seguridad Social y establecer un sistema plenamente público de sanidad; luchar contra el cambio climático y, en terreno económico, «romper» los grandes bancos «demasiado grandes para caer», y establecer un impuesto a transacciones especulativas en Wall Street con el que financiar universidades públicas gratuitas.

Sanders es, para algunos, la versión del 2015 de Howard Dean, que en el 2004 dio un soplo de idealismo a los demócratas (y acabó desinflándose en parte por un desafortunado grito). Otros prefieren verlo como el candidato Barack Obama 2.0, capaz de dar esperanza y de involucrar en política a ciudadanos de a pie. Su campaña ha anunciado que ha recibido 400.000 donaciones, el 80% de 200 dólares o menos y con un valor medio de 31.3 dólares y no podía estar más lejos de la norma: casi la mitad de las donaciones (tanto a republicanos como a demócratas) provienen de 400 familias que han firmado cheques con cinco o seis ceros.

Sanders tiene puntos débiles, como el casi inexistente reconocimiento entre latinos y la falta de apoyo entre votantes negros. Pero aún queda mucha carrera por delante y el campo de Hillary, sin duda, #feeltheBern (Siente a Bern), el eslogan oficioso de su campaña.