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Terrorismo en Asia

Golpe al turismo en el corazón de Bangkok

El Gobierno tailandés indica que el atentado persigue destruir la economía del país

Una bomba colocada junto a un popular templo provoca una veintena de muertos

EL PERIÓDICO / BANGKOK

Bangkok se vio sacudida ayer por una explosión cerca de uno de sus santuarios más famosos. La detonación mató al menos a 19 personas, entre ellas tres turistas extranjeros, y causó decenas de heridos en un ataque que el Gobierno de Tailandia atribuyó a un intento de golpear el turismo y destruir la recuperación económica del país.

Ningún grupo asumió de inmediato la responsabilidad por la explosión en el santuario de Erawan, situado en el corazón turístico de la capital tailandesa. Los cuerpos de seguridad libran desde hace meses una batalla contra una insurgencia musulmana de bajo nivel en el sur de un país predominantemente budista, pero esos rebeldes rara vez se han atrevido a lanzar ataques fuera de sus confines.

«Los autores pretenden destruir la economía y el turismo, debido a que el incidente ocurrió en el corazón del distrito turístico», declaró apresuradamente el ministro de Defensa Prawit Wongsuwan a la agencia Reuters. Dos de las víctimas extranjeras son de nacionalidad china y una, filipina.

CUARTEL DE GUERRA

Inicialmente el número de fallecidos se elevó a 27, pero el jefe de Policía Somyot Poompanmuang rebajó un tanto esa cifra, aunque admitió que un golpe de esa magnitud carecía de precedentes en la capital de Tailandia.

La explosión ocurrió a las 7 de la tarde, hora local. Un operador de rescate expresó su sospecha a la agencia AFP que la bomba se encontraba en una motocicleta. «Los que han puesto esta bomba es gente cruel», manifestó por su parte Poompanmuang. «Evidentemente, querían matar a mucha gente porque a esa hora todo el mundo sabe que el templo está repleto de tailandeses y extranjeros».

El templo, ubicado en una esquina muy transitada cerca de los mejores hoteles, centros comerciales, oficinas y un hospital, es una gran atracción al que acuden hindús y budistas, especialmente de Asia oriental, incluida China. Muchos tailandeses también lo visitan para sus ejercicios espirituales.

El Gobierno estableció «un centro de mando» para coordinar la respuesta al atentado, según avanzó un canal de televisión citando al primer ministro Prayuth Chan Ocha. Una agencia de rescate concretó que 120 personas resultaron heridas y los medios de comunicación locales dijeron que la mayoría de ellas eran de China y Taiwán. Las autoridades intensificaron los controles de seguridad en algunas de las principales intersecciones y zonas turísticas.

VIOLENTA LUCHA POR EL PODER

«Era como un mercado de carne», dijo Marko Cunningham, un paramédico de Nueva Zelanda, quien dijo que la explosión había dejado un cráter de dos metros de ancho. Algunos medios locales hablaron inicialmente de dos explosiones, una sospecha que se fue diluyendo a medida que se avanzó en la investigación.

«Había cuerpos por todas partes. Había piernas donde se suponía que debían estar las cabezas. Fue horrible», dijo gráficamente Cunningham, quien agregó que muchos de los heridos se encontraban a varios cientos de metros de distancia del lugar de la explosión.

La sospecha inicial recayó sobre los separatistas musulmanes del sur. Tailandia se ha visto golpeada durante la última década por una intensa y en ocasiones violenta lucha por el poder entre facciones políticas en Bangkok. Pequeñas explosiones ocasionales han sido atribuidos a un lado u otro. Pero por lo general no suelen causar apenas daños, mucho menos víctimas mortales.

Tailandia sufrió el año pasado una fuerte convulsión política que causó decenas de muertos y desembocó en un golpe de Estado por el Ejército y en la instauración del actual Gobierno militar. Las relaciones entre el ejecutivo castrense y la oposición civil han mejorado, no obstante, en los últimos meses.

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