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20º ANIVERSARIO DEL FIN DE LA GUERRA DE BOSNIA. 2

El nuevo rostro de Sarajevo

La guerra alteró la demografía de Bosnia y su capital pero no hay censo

La ciudad se llena de memoriales e incorpora centros comerciales de lujo

MONTSERRAT RADIGALES

Bosnia: 20 aniversario de un genocidio / JULIO CARBÓ / CARLA FAJARDO

Las heridas físicas han cicatrizado; las del alma son otra historia. Poco queda visible de la destrucción que sufrió Sarajevo durante los casi cuatro años que duró la guerra (1992-95), bombardeada casi a diario desde las montañas que rodean la ciudad y desde los barrios que controlaban los rebeldes serbios.

Hace años que la capital de Bosnia ha recuperado el pulso vital. En el sofocante calor veraniego las terrazas de las cafeterías están llenas a rebosar. Al atardecer, habitantes de la ciudad y turistas de varias nacionalidades deambulan por el Bascarsija (el encantador antiguo barrio turco), mientras los artesanos dan los toques finales a los típicos juegos de té o las cajitas de madera en las concurridas callejuelas del bazar.

Solo en algunos edificios de la ciudad pueden aun apreciarse los impactos de proyectiles o disparos de mortero. Los barrios que, por su cercanía a la línea de frente, resultaron más dañados o incluso totalmente destruidos -como el de Dobrinja—han sido totalmente reconstruidos.

En el céntrico distrito de Marin Dvor, se alzan las dos torres gemelas conocidas como Torres Unis, que quedaron prácticamente reducidas a su esqueleto; ahora sus fachadas acristaladas vuelven a brillar. Lo mismo ocurre con la torre que flanquea el edificio del Parlamento. Justo en frente, al otro lado de la que durante la guerra fue conocida como «avenida de los francotiradores», se encuentra el mítico hotel Holiday Inn, ese cubo amarillo construido con motivo de los Juegos Olímpicos de 1984, donde se alojaba la prensa internacional durante la guerra. Fue reconstruido y funcionó con normalidad durante años después de la contienda. Pero, como si fuera un paradigma de la Bosnia actual, donde la corrupción es endémica, en junio del 2014 fue oficialmente declarado en bancarrota, tras un proceso de privatización muy oscuro.

Sarajevo ha recuperado la vida, pero no olvida. ¿Cómo podría? Los parques y los campos de futbol que fueron forzosamente transformados en cementerio siguen siendo un cementerio. Como el que se extiende a los pies del estadio olímpico. Las estelas de madera han sido reemplazadas por lápidas blancas y un monumento dignifica el lugar, pero aún estremece pensar que ahí se practicaba deporte.

Las 'Rosas'

Las llamadas rosas de Sarajevo, las huellas causadas por el impacto en el suelo de proyectiles y morteros que los artistas sarajevitas pintaron de rojo para simbolizar la sangre y recordar que en aquel lugar ocurrió un matanza, se han descolorido en su mayoría.

Si una de esas huellas ha sido preservada es la del Markale, el popular mercado al aire libre. Está cubierta con un especie de urna de cristal. En la pared del fondo, un enorme plafón recoge los nombres de las 67 víctimas mortales que causó el ataque de 1994. «En este lugar, los criminales serbios, el 5 de febrero de 1994, mataron a 67 ciudadanos de Sarajevo», reza una placa de piedra. Otras placas doradas, de metal y más pequeñas, con textos similares, pueden verse allí donde los ciudadanos caían como moscas en la calle.

Desde acabó la guerra, el Markale recobró toda su vitalidad. Fruta, verduras, queso artesano... El ataque de 1994 fue el primero. En agosto de 1995. otra matanza (37 muertos) fue el detonante para la intervención militar internacional.

Los niños

Hay otros memoriales de recuerdo. Quizá uno de los más sobrecogedores, en forma de fuente, es el dedicado a los niños que murieron durante el cerco. Inaugurado en el 2010, unos cilindros de metal recogen los nombres de 521 víctimas, mientras se verifican otras 500.

Con su catedral católica, su iglesia ortodoxa, su sinagoga y su principal mezquita en un perímetro de menos de 500 metros, Sarajevo sigue atestiguando un pasado de tolerancia, de mezcla de culturas y de religiones, de civilización. En parte sigue siendo así. Pero la guerra cambió la fisonomía de la ciudad.

Por un lado, se produjo la llegada masiva de refugiados y expulsados musulmanes --ahora denominados bosníacos, para diferenciar etnia de religión-- procedentes sobre todo del este del Bosnia. Muchos llegaron desde zonas rurales y estaban poco habituados a la vida urbana. «De hecho, la guerra aceleró de forma traumática el proceso de trasvase del campo a la ciudad», señala un funcionario internacional. Por contra, algunos sarajevitas de toda la vida huyeron y se establecieron en otros países. Por otro lado, una parte (no todos) de los serbios de Sarajevo se marcharon a la Republika

Srpska (la entidad controlada por los serbios de Bosnia).

¿Cómo ha cambiado la población, no solo en Sarajevo, sino en toda Bosnia? No hay forma de saberlo con exactitud. La pregunta resulta tan delicada -una radiografía real dejaría constancia de los devastadores efectos de la limpieza étnica—que durante dos décadas se evitó hacer un censo. El último data de 1991; o sea, de antes de la guerra. En octubre del 2013, la Oficina Central del Censo de Bosnia y Herzegovina llevó a cabo uno nuevo bajo la supervisión de la UE, pero los resultados no han sido aprobados porque las agencias de estadística de las dos entidades -la Federación (de mayoría bosníaca y croata) y la Republika Srspka- mantienen una disputa sobre cómo contar los desplazados internos. Según una filtración, la población total de Bosnia habría pasado de casi 4.400.000 a casi 3.800.000, o sea que a resultas de la guerra habría perdido casi 600.000 habitantes. Otra cosa es el reparto étnico del territorio.

"El espíritu se pierde"

Más allá de los cambios demográficos, la fisonomía de Sarajevo está cambiando en otro sentido. La inversión de países como Turquía o Arabia Saudí es notoria y su influencia se deja sentir. «Esto no había pasado nunca aquí», se queja Medina Sukalo, una joven sarajevita, aludiendo a algunos bares y restaurantes donde está prohibido consumir alcohol. Son generalmente locales de propiedad turca o de los países del Golfo. «Sarajevo siempre fue una ciudad de vanguardia, corazón de la cultura de la ex-Yugoslavia. Y ahora nos estamos convirtiendo en otra Turquía. El espíritu que caracterizó a esta ciudad se pierde».

Sigue siendo minoritario, pero lo cierto es que en Sarajevo se ven cada vez más mujeres con velo. Hace años era muy difícil encontrar solo una. Muchas son estudiantes turcas o visitantes de países del golfo Pérsico, pero también hay algunas bosnias.

El Sarajevo de siempre se mezcla también con lo más nuevo. En abril del 2009 se inauguró el BBI Center, un moderno centro comercial con las primeras marcas internacionales y variedad de restaurantes. En abril del 2014 se le sumó el Sarajevo City Center, otro gran centro comercial cuya construcción no estuvo exenta de controversia.

Es un secreto a voces que el principal inversor, el saudí Sulaiman al Shiddi, obtuvo toda serie de facilidades y privilegios por sus vínculos y su amistad con Bakir Izetbegovic, el miembro musulmán de la presidencia tripartita de Bosnia e hijo del fallecido histórico líder bosnio Alija Izetbegovic.