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La crisis según Márkaris

El escritor griego de novela negra retrata en sus obras la realidad de la crisis actual en el país heleno

La miseria asoma en Atenas en 'Hasta aquí hemos llegado', el epílogo de su triología

XAVIER MORET / BARCELONA

El novelista griego Petros Márkaris nunca se muerde la lengua. Ni cuando habla sobre su país ni cuando escribe novela negra. Por eso decidió hace unos años escribir una trilogía negra ambientada en la crisis actual: 'Con el agua al cuello' (2010), Liquidación final (2011) y 'Pan, educación y libertad' (2013), editadas en España por Tusquets. Parecía que allí se detenían las investigaciones del comisario Kostas Jaritos, pero recientemente ha publicado un epílogo, 'Hasta aquí hemos llegado', con la crisis de nuevo como telón de fondo.

«¿Qué es el atraco a un banco comparado con la creación de un banco?». Con esta cita combativa de su admirado Bertolt Brecht iniciaba Márkaris su novela 'Con el agua al cuello', que empezaba con el asesinato de un director de banco en una Grecia al borde de la bancarrota.

En la misma novela, que afronta con realismo la crisis griega, un personaje se lamentaba de los recortes impuestos por la Unión Europea y el FMI con estas palabras: «¡Cobro una pensión de 400 euros al mes! ¿Qué quiere recortar la Unión Europea? ¿Qué alemán, francés o sueco puede vivir con cuatrocientos euros? Cada verano las islas se inundan de una marea de jubilados franceses, suecos y alemanes. ¡Y yo no puedo ver las islas ni con prismáticos!».

Desde entonces, Márkaris ha insistido en el tema, llegando incluso a imaginar, en 'Pan, educación y libertad', el fin del euro y el regreso a la dracma en su querida Grecia. Por cierto, que en 'Con el agua al cuello' el comisario Jaritos optaba por comprarse un Seat Ibiza «por solidaridad entre los pobres. Ahora los españoles y los portugueses tienen problemas, como nosotros. Para los mercados financieros, somos los PIIGGS, 'los cerdos'. Y cada cerdo debe ayudar a los demás, no hacerles la pelota a los tiburones».

POSICIÓN CRÍTICA

La posición crítica de Márkaris es clara en las tres novelas de la crisis, como también lo es en su libro de ensayos 'La espada de Damocles' y, por supuesto, en el epílogo 'Hasta aquí hemos llegado', con varios asesinatos que tiene que investigar Jaritos mientras se mueve por una Atenas empobrecida en la que asoma la miseria, las tiendas cierran, los hospitales sufren recortes y los ciudadanos optan por moverse en transporte público. «Por la noche Atenas parece tan vacía como nuestros bolsillos», escribe.

Al principio de este último libro, los fascistas de Amanecer Dorado, infiltrados en las instituciones, dan una paliza a la hija del comisario, una abogada que defiende a unos trabajadores negros. Esto le hace exclamar a Jaritos: «En Grecia hacemos frente a la crisis con el descontrol».

Profundizando en el tema, uno de los primeros asesinados del libro es Vranás, un hombre que se dedica a agilizar las gestiones frente a la corrupción de los funcionarios. «Vranás era un gusano», dice un personaje, «pero unRo de esos gusanos que los griegos necesitan para sobrevivir en un Estado donde la burocracia alimenta el soborno y éste, la burocracia».

Más adelante se aclara que Vranás cuando trabajaba de funcionario «no cobraba comisiones para hacer la vista gorda, sino para no provocar retrasos». Por lo visto, algo muy griego. «Retrasaba los trámites con diferentes pretextos, mandaba a los interesados de un departamento a otro hasta que éstos se resignaban y le preguntaban cuánto quería para acabar de una vez con el calvario». Contaba para ello con la «omertà de la Administración pública», ya que «los funcionarios griegos jamás comentan nada con sus compañeros de trabajo».

En este contexto crítico, un griego de origen alemán, acostumbrado a la agilidad de las instituciones germanas, harto de tantas zancadillas burocráticas acaba por suicidarse. No es extraño que con este trasfondo Jaritos consulte su diccionario preferido para concluir que «la única acepción de quiebra que guarda relación con todos nosotros (los griegos) es la de quiebra moral, pérdida de poder, fracaso».Como conclusión, Márkaris elige tres palabras para definir la vida en Grecia: «burocracia»«obstrucción» e «ineptitud».

CENTROS DE INDIGENTES

Los políticos griegos tampoco se libran de las críticas del autor. La hija del comisario reflexiona: «Los políticos castigan a los ciudadanos por los errores que ellos mismos cometieron. Tantos años despilfarrando el dinero a diestra y siniestra y ahora castigan a la gente por haberse aprovechado de esta situación (…). Todos pagamos por los pecados de los políticos y ellos dicen que lo hacen para salvarnos».

En las novelas de Márkaris, los antiguos izquierdistas crean centros de indigentes para proteger a los más débiles y la solidaridad familiar va creciendo a medida que los parientes se van quedando sin trabajo. El trasfondo es el de la Grecia de ahora mismo, con lo que queda claro que la novela negra es un buen género para retratar una sociedad concreta en un momento determinado, en especial cuando hay crisis y todas las vergüenzas salen a la superficie.