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Una matanza en una iglesia negra de EEUU reaviva la pesadilla racista

Obama opta por focalizar la tragedia en el problema de las armas y no del racismo

RICARDO MIR DE FRANCIA / WASHINGTON

El 15 de septiembre de 1963, cuatro miembros del Ku Kux Klan plantaron varias cargas de dinamita en la iglesia baptista de la calle 16 en Birmingham (Alabama), cuando cerca de 200 feligreses se encontraban en su interior. Cuatro niñas negras murieron en lo que Martin Luther King describió como «uno de los crímenes más despiadados y trágicos nunca perpetrados contra la humanidad». Poco más de medio siglo después, la historia se copia a sí misma con su obcecada crueldad. Un aparente supremacista blanco de 21 años entró el miércoles en la iglesia negra más antigua del sur de EEUU y, después de rezar durante una hora con sus feligreses, los mató a balazosSeis mujeres y tres hombres. Todos negros.

El suceso ha conmocionado al país, por más acostumbrado que esté a los tiroteos de masas o a los crímenes racistas. Porque todo sucedió en el centro histórico de Charleston (Carolina del Sur), una de la ciudades más hermosas y turísticas del sur, alrededor de la nueve de la noche. El presunto asaltante entró en la histórica iglesia Africana Metodista Episcopal de Emmanuel, símbolo de los derechos civiles, y, con una frialdad extrema, se sumó a la clase de estudio bíblico que por entonces conducía el reverendo Clementa Pinckney. El agresor se sentó a su lado y, durante casi una hora se dedicó a repartir abrazos y rezar junto a los feligreses, según testigos.

"Violáis a nuestras mujeres"

Lo que dijo después podría haberlo dicho cualquier respetable hombre blanco de los llamados Consejos Ciudadanos en el sur segregacionista. «Vosotros violáis a nuestras mujeres y estáis tomando el control del país. Tenéis que desaparecer», dijo según las mismas fuentes antes de apretar el gatillo. Tras más de 12 horas de búsqueda, la policía lo acabó capturando en un control de carretera a más de 300 kilómetros al norte de Charleston. Se llama Dylann Roof y tiene 21 años. En su página de Facebook aparece con gesto sombrío frente a uno de los pantanos indisociables a la geografía del sur.

En la chaqueta lleva los parches de dos banderas: el de la Sudáfrica del apartheid y el de la Rodeshia (Zimbabue), de los nacionalistas blancos. Llama la atención que de los 88 amigos que tenía en la red social, muchos de ellos eran negros. Uno de sus compañeros del instituto lo describía en el Daily Beast como un consumidor habitual de drogas al que le gustaba contar chistes racistas. Hasta el momento, la policía no le ha encontrado vínculos con grupos racistas y todo indica que actuó solo.

Tensión creciente

«Hoy nos hemos levantado con el corazón y el alma de Carolina del Sur rotos», dijo la gobernadora del estado Nikki Haley sin poder reprimir las lágrimas. El alcalde de Charleston, Joseph Riley, confirmó que el sospechoso se encuentra bajo custodia policial «y ahí se quedará para siempre», apostilló. El suceso se produce en un momento de creciente tensión racial a raíz de la letanía de abusos policiales hacia los negros, un momento de examen de conciencia colectivo e intentos de reformar la conducta de unos cuerpos policiales que actúan demasiado a menudo como si Lyndon Johnson fuera presidente y el ocaso de Jim Crow estuviera a punto de acabar con su preeminencia racial.

Esta vez, sin embargo, Barack Obama no quiso reabrir el debate y enmarcó lo sucedido en el problema de las armas y los tiroteos de masas. «Ahora es un momento de duelo», dijo en una comparecencia en la Casa Blanca. «Pero, seamos claros, en algún momento tendremos como país que reconciliarnos con el hecho de que este tipo de violencia de masas no sucede en otros países avanzados. No sucede con esta misma frecuencia». A principios de su segundo mandato, Obama trató de endurecer las leyes de tenencia de armas, pero sus reformas murieron en el Congreso.

Entre las víctimas de esta última masacre está el pastor de la iglesia de Emmanuel, que era también senador demócrata en el Parlamento estatal. Hace menos de dos meses, Pinckney lideró la vigilia por Walter Scott, un padre de cuatro hijos asesinado por la espalda por un agente cuando trataba de huir en un control de carretera. «Sabemos que solo el amor puede conquistar al odio», dijo en uno de esos sermones.