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¿Y si nadie se mueve?

Marta López

El plazo se acaba y el dinero también. Tras cinco meses de duras negociaciones y prácticamente fuera de plazo para llegar a un acuerdo antes de que el 30 de junio expire la prórroga para que Grecia reciba los 7.000 millones de euros pendientes del rescate con los que poder pagar ese mismo día los 1.600 millones que debe al Fondo Monetario Internacional (FMI), el Gobierno de Atenas y sus acreedores parecen más alejados que nunca. Falta saber si estamos en medio de la escenografía dramática que acompaña a todo acuerdo en el que todos ceden pero ninguno quiere que se note o si realmente vamos de cabeza hacia un inexplorado precipicio.

A tenor de las declaraciones de unos y otros, a Grecia y a sus acreedores les separan en estos momentos 2.000/3.000 millones de euros. Pero es mucho más lo que está en juego. Aceptado ya un superávit fiscal primario del 1% para este año -y para llegar aquí las dos partes se han movido mucho-, subyacen diferencias insalvables en como lograrlo: los acreedores quieren que sea a base de nuevos recortes (salarios y pensiones) y mayor recaudación (IVA); Alexis Tsipras se niega a pasar por el tubo de más austeridad y pide una reestructuración de una deuda que en estos momentos ronda el 180% del PIB. Con esas promesas ganó las elecciones el pasado 25 de enero y por ellas está luchando hasta la extenuación. Y eso le honra. Sobre todo cuando otros han agachado la cabeza sin chistar a la primera.

Pero mientras el FMI es partidario de reestructurar deuda a la vez que exige recortes, la Eurozona ni por asomo. Alemania y Francia, con 56.472 y 42.409 millones de euros prestados, son los que más tienen a perder, pero tampoco otros como España están por la labor. ¿Recuerdan las declaraciones del ministro Margallo de que si no fuera por los 25.000 millones dados a Grecia, las pensiones en España hubieran podido subir hasta un 38%?

Hoy se vuelve a reunir el Eurogrupo en Bruselas. Hay pocas esperanzas de avanzar. Y es que queda poco por negociar a nivel técnico. Es hora de tomar decisiones políticas valientes. Unos  y otros. No hablamos solo de millones de euros. También de principios. De futuro.

Europa debe decidir sin dilación si sigue estrangulando a Grecia cambio de cobrar sus deudas o si hace gala a la solidaridad entre miembros con el que se ha ido construyendo el sueño europeo. Eso pasa por dar una nueva oportunidad a Grecia, cuyos problemas no acaban el 30 de junio ni mucho menos. Si Europa no mueve ficha, será Tsipras que deberá decidir si claudica a la austeridad o resiste y puede demostrar así que otra política es posible.

Si nadie se mueve, ahí está el precipicio, el impago, la fuga de depósitos, el corralito y la salida del euro... La dimensión desconocida.

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