Bin Laden: el cadáver incómodo

La Casa Blanca desdeña la teoría alternativa pero recibe críticas por su secretismo

La nueva versión sobre su muerte alienta el debate de la verdad oficial

La casa de Abbottabad donde oficialmente murió Bin Laden en el 2011.

La casa de Abbottabad donde oficialmente murió Bin Laden en el 2011. / AFP / ASSIN HASSAN

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IDOYA NOAIN / NUEVA YORK

Seymour Hersh lanzó la bomba hace siete días. En un artículo de 10.011 palabras en el London Review of Books, el premio Pulitzer dio su versión de la operación en la que el 2 de mayo del 2011 se asesinó a Osama Bin Laden y denunció que la oficial de la Casa Blanca «bien podía haber sido escrita por Lewis Carroll».

Según Hersh, altos mandos de las Fuerzas Armadas y el espionaje de Pakistán -que mantenían al líder de Al Qaeda desde el 2006 en Abbottabad- fueron informados de la misión. Esta se habría originado gracias al chivatazo de un exalto cargo de ISI, la agencia de espionaje paquistaní, y no siguiendo al correo de Bin Laden como mantiene la Administración estadounidense. Según el artículo, además, ni se recuperó «un tesoro» de documentos ni el cuerpo recibió sepultura en alta mar.

Inmediatamente su versión fue descalificada por la Casa Blanca como un «absoluto disparate». Altos cargos paquistanís como el antiguo embajador en Washington también desmintieron sus afirmaciones y buena parte de la prensa estadounidense se lanzó a atacar y cuestionar al periodista y su trabajo. Se amortiguó, así, el efecto de las explosivas afirmaciones.

El artículo, no obstante, ha servido cuando menos para volver a analizar la verdad oficial de una Administración que, según denuncian muchos periodistas y grupos que trabajan por el gobierno abierto, enfrenta graves problemas de transparencia y se aferra al secreto amparándose en una interpretación demasiado generosa de qué es «seguridad nacional».

«El registro oficial de la operación de Bin Laden es anémico», constata en una entrevista telefónica Lauren Harper, del Archivo de Seguridad Nacional, un grupo basado en la Universidad George Washington. Parte de esa anemia se debe a que todos los papeles de la operación Arpón de Neptuno -que inicialmente se anunció que gestionaría la oficina del secretario de Defensa- fueron traspasados en el 2013 a la CIA. Desde 1984 esa agencia está amparada por ley para mantener como secretos «archivos operacionales», aun en el caso que su desclasificación se solicite a través de la Ley de Libertad de Información (FOIA).

Eso ha contribuido a crear lo que Harper define como «un agujero negro». Y fuera de él, aparte de 175 páginas de unas traducciones de papeles encontrados en Abbotabad y otras 148 páginas de correspondencia de Bin Laden que se usaron en un juicio por terrorismo, el gobierno solo ha hecho públicos un puñado de documentos, incluyendo las fotos de satélite del complejo en Abbottabad y las transcripciones de sesiones informativas de la Casa Blanca y los Departamentos de Defensa y Estado en que se describen las contradicciones en los primeros relatos oficiales, incluyendo la versión -luego corregida- de que Bin Laden empleó a una esposa como escudo.

EL USO DE HOLLYWOOD

Se han desclasificado también correos, memorandos y transcripciones de las entrevistas que mantuvieron con el subsecretario de Defensa, el subdirector de la CIA y cinco operativos militares y de la CIA, la cineasta Kathryn Bigelow y el guionista Mark Boal para realizar La noche más oscura. «Tuvieron acceso casi ilimitado, que nunca se le ha dado a la ciudadanía, y resulta verdaderamente problemático que a la vez que se daba a la prensa información engañosa se estuviera colaborando con Hollywood para un blockbuster que queda como la historia de facto», denuncia Harper.

Los únicos documentos oficiales publicados que ponen en entredicho parte de la versión de Hersh son unos correos referidos al entierro en alta mar, en uno de los cuales se lee: «FEDEX ha entregado el paquete». Eso confirmaría que el cuerpo de Bin Laden llegó al USS Carl Vinson.

El gobierno, no obstante, se ha negado a desclasificar las fotos del cuerpo y del entierro (o al menos las que queden, porque el comandante de Operaciones Especiales, el almirante William McRaven, ordenó destruir todas las que no hubieran sido traspasadas a la CIA horas después de que el grupo Judicial Watch anunciara que iba a pedirlas a través de FOIA).

Asimismo, se mantiene en secreto un memorando del 2010, Anatomía de una pista, que cuenta cómo se siguió al correo de Bin Laden, Abu Ahmed al-Kuwaiti. Ese documento se usó para el informe sobre torturas de la CIA que tras la resistencia de la Administración hizo público el Congreso y por lo tanto debería estar desclasificado.

UN «MURO»

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«Se supone que no puedes alegar secreto para ocultar un crimen pero en la práctica es fácil», explica desde Openthegoverment.org Katherine Hawkins, que critica que «uno de los principales problemas al intentar conseguir documentación es que topas con un muro de ladrillo cuando invocan secreto por cuestión de seguridad nacional».

Ese muro es cada vez más elevado y grueso. Una investigación de AP en marzo constató que la Administración de Obama censuró o se negó a entregar en el 2014 el 39% de los documentos reclamados a través de la FOIA. En uno de cada tres casos, según admitió la propia Administración, la decisión fue errónea.