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El embarazo de una niña de diez años

El Gobierno paraguayo defiende su intransigencia frente al aborto

Acompañado por la Iglesia, dice que no hay "razones médicas" para interrumpir el embarazo de la chica violada

ABEL GILBER/ BUENOS aIRES

El embarazo de una niña de diez años que fue violada por su padrastro en fuga conmociona a un sector de la sociedad civil paraguaya pero encuentra al Gobierno del colorado (conservador) Nicanor Duarte imperturbable frente a los reclamos nacionales e internacionales en favor de un aborto. El ministro de Salud, Antonio Barrios, fue ayer terminante: “no estamos a favor de interrumpir un embarazo desde todo punto de vista”.  Según el funcionario, hay razones del orden religioso pero, también clínicas para la negativa, ya que “no hay indicios de riesgos” para la niña que no llega a pesar cuarenta kilogramos y se encuentra en el quinto mes de gestación. 
El Gobierno encontró un claro respaldo en la Iglesia a través de la Universidad Católica de Asunción. Su rector, Narciso Velázquez subrayó que “el aborto, la interrupción del embarazo, no es en ningún caso una ‘alternativa’ para la salud de cualquier persona” porque representa “un atentado directo contra la vida humana, un acto de homicidio”.
De acuerdo con el rector, “no se puede elegir quien morirá o vivirá, puesto que en tales procesos de selección habitualmente termina siendo elegido y condenado el más ajeno, débil y desprotegido de la relación, la persona por nacer”. La Universidad ofreció a la niña sus servicios hospitalarios.  La madre de la menor ha sido enviada a la cárcel de mujeres de Asunción mientras se realiza la investigación. La fiscalía la acusa de falta al deber del cuidado y obstrucción a la justicia. El padrastro es buscado por la policía.
No obstante, la abogada Gladys López Prado, representante legal de la madre recluida en la cárcel del Buen Pastor, solicitará una junta médica para definir si la niña de 10 años continúa o no con su embarazo.
Paraguay sigue sin garantizar el derecho a la salud, la vida y la integridad física y psicológica de una niña violada por su padrastro con casi cinco meses de embarazo”, denuncio Anmistía Internacional.
UNA LEY RETOGRADA
Para el diario ABC de Asunción, la legislación paraguaya es “excesivamente estricta” con respecto a la práctica del aborto, la cual está prohibida inclusive en casos de violación como el que ha ocurrido y que en ese país están lejos de escandalizar. De acuerdo con datos del ministerio de Salud: 680 menores de 15 años dieron a luz en 2014
La doctora Prado, representante legal de la madre de la niña recordó la dolorosa trama social que hay detrás del caso. Su cliente es una trabajadora casi sin derechos que le tenía a su vez pánico a su pareja un hombre golpeador que ya había ejercido la violencia con su ex esposo. Dolores Castellanos, la médica que supervisa lo que ocurre con la niña lamenta que este sea apenas un caso más: “estamos acostumbrados a tratar niñas-madres”.
En Paraguay tienen lugar unos 150.000 nacimientos anuales. Pero, lo sorprendente es que la mitad de estos no figuran en los registros. El último censo de 2002 certificó que, en un país de seis millones de habitantes, había 600 mil personas no inscriptas. Esas personas han sido por lo general criadas por madres solas. Uno de esos niños fue el que finalmente tuvo que reconocer como propio el ex presidente Fernando Lugo. Había tenido relaciones sexuales con una feligresa cuando era obispo.

UN LASTRE DEL SIGLO XIX
Los sociólogos y antropólogos tratan de encontrar respuestas a un problema que es social, político y, a la vez cultural. No faltan quienes recuerdan que los guaraníes, habitantes originarios de Paraguay, entregaban a sus hijas como ofrenda a los conquistadores españoles. Pero la mayoría de los especialistas se inclina a pensar en uno de los lastres de la gran tragedia paraguaya del siglo XIX, cuyos efectos nunca se erradicaron del todo: la guerra de la Triple Alianza, que libró contra Brasil, Argentina y Uruguay, diezmó la población masculina y dio cabida a nuevas formas de sometimiento de las mujeres. Tras la guerra, el 90% de los hombres había muerto. Durante décadas, los que sobrevivieron y sus herederos no consideraron problemático satisfacer sus deseos con más de una mujer si, de esta manera, el Paraguay volvía a repoblarse. En la actualidad, el 49,9% de los paraguayos son mujeres y el 50,1%, hombres. Pero esa paridad no terminó con las aberraciones y las formas de sometimiento.
 

Temas: Paraguay

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