24 oct 2020

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Un desertor norcoreano envía la película 'The Interview' a Corea del Norte mediante globos

Un temporizador lanza la carga cuando los balones se hallan sobre territorio norcoreano

El desertor Lee Min-Bok envía globos a Corea del Norte con la película ’The Interview’.

El desertor Lee Min-Bok envía globos a Corea del Norte con la película ’The Interview’. / CNN

Lee Min Bok reaccionó ante la película The Interview como cualquier persona sensata: la abandonó antes del final por vulgar y carente de gracia. La noticia llega ahora: no ha cesado desde entonces de esforzarse en que la vean sus compatriotas.

Lee es un desertor norcoreano y The Interview es la célebre película estadounidense que narra el asesinato del tirano Kim Jong-un y descompone sin remedio a Pyongyang. Lee ha mandado miles de copias en cuatro envíos este año. El mecanismo es el habitual de los activistas para colar su propaganda antinorcoreana a través de la frontera. Las tropas desaconsejan intentarlo por tierra, así que queda el cielo a través de globos.

Globos con temporizador

Las cámaras de la CNN le siguieron el fin de semana pasado. Lee alcanza las zonas despobladas fronterizas, calcula la velocidad y dirección del aire e infla los enormes globos de helio. En sus extremos coloca las cintas de videobilletes de dólares panfletos políticos. Un temporizador lanzará la carga cuando sobrevuelen suelo hostil. Es imposible saber cuántos caerán en manos norcoreanas y es probable aventurar que aquellos descubiertos con ellos acabarán en el gulag.

Asegura Lee que ya ha mandado así miles de copias y se justifica: “El régimen odia esta película porque muestra a Kim Jong-un como un hombre, no como un Dios. Llora y tiene miedo como nosotros y al final es asesinado”.

En efecto, el tirano es en la película un alma sensible como la de Kate Perry que acumula problemas familiares. Su cursi humanización atenta contra el delirante culto de la personalidad del régimen que describe arcoíris dobles en los nacimientos de sus líderes o les hace autores de miles de libros. Pyongyang ya había advertido que si la película volaba con los globos respondería con “ataques sin piedad”. Lee dice haber recibido amenazas por carta de romperle la cabeza y trocear sus brazos.

“Estos globos pueden ayudar a la reunificación. Un avión de combate F-22 cuesta millones de dólares, Corea del Sur dice que necesita uno y no es para fines pacíficos. ¿Por qué los civiles no podemos hacer esto?”, continúa Lee, quien huyó de su país veinte años atrás.

Los globos incomodan a ambos lados de la frontera. Pyongyang les ha dedicado en varias ocasiones su furia dialéctica y exigido a las autoridades surcoreanas que controlen a los activistas. En Seúl son conscientes de que no ayudan a aceitar las relaciones con su iracundo vecino pero la libertad de expresión garantizada al sur del paralelo 38 impide prohibirlos. Y después están los sufridos surcoreanos que viven en las cercanías de la frontera y aún se estremecen al recordar lo ocurrido en octubre: los soldados norcoreanos dispararon contra los globos que entraban en su territorio, los surcoreanos respondieron y el asunto acabó en un intercambio de artillería pesada. Lee utiliza la noche para esquivar a los residentes que han detenido a otros activistas.

Pyongyang calificó la película de “gratuito acto de guerra” en diciembre y sus amenazas a los cines que la proyectaran aconsejó a Sony cancelar su estreno. Después de las críticas masivas, entre ellas las de Barack Obama, la productora japonesa la lanzó en internet. Sony alegó que había sufrido un ataque de ciberpiratas norcoreanos que robaron información sensible para chantajearla. Pyongyang lo desmintió. Algunos opinan que sólo fue una campaña para publicitar una película horrorosa.