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EN ZONA DE CONFLICTO

«Con 'Bibi' soy feliz»

Muchos habitantes de las localidades cercanas a Gaza sienten que solo Netanyahy garantiza su seguridad

Las preocupaciones económicas han pasado a un segundo plano

ANA ALBA / SDEROT

Nir Am es un 'kibbutz' agrícola secular fundado en 1943 donde viven unas 110 familias de diversa procedencia: Israel, Latinoamérica, Francia y el norte de África, hecho que según afirman algunos de sus vecinos, generó un ambiente de apertura cultural y pluralismo. Es un tranquilo conjunto de casas unifamiliares que respiran gracias a sus numerosos árboles y jardines. Pero tras uno de esos rincones verdes de paz, uno puede toparse con un muro y una alambrada de protección. Nir Am está a menos de 1,5 kilómetros de Gaza.

El verano pasado, muchos de sus habitantes huyeron por temor a los proyectiles que lanzaban grupos palestinos desde Gaza durante la ofensiva 'Margen Protector' del Ejército israelí en la franja. Seis meses y medio después de guerra, Nir Am es un lugar en calma. A pesar del pánico que sufrieron sus vecinos, en la mesa del único colegio electoral comentan que «aquí la gente quiere una solución al problema de los cohetes de Gaza, pero no es de derechas ni hay muchos que apoyen (al primer ministro israelí) Binyamin Netanyahu».

Una interventora del Likud lo corrobora con gesto de decepción. No obstante, Tamar, madre de dos soldados asegura que «el único capaz de garantizar la seguridad» es Netanyahu, a pesar de que durante su Gobierno ha habido dos guerras en Gaza. Eldad, de 29 años, piensa lo mismo. Vive en la vecina Sderot, de 24.000 habitantes y a un kilómetro de Gaza. «Siento que con Bibi (Netanyahu) soy feliz, es capaz de mantener la seguridad. Los últimos 15 años en Sderot han sido una pesadilla, no se puede vivir así, con misiles tan a menudo», dice.

«Pero la culpa no es de la gente de Gaza, es de Hamás. Tengo amigos en Gaza, una familia que trabajaba en la empresa de construcción que tenía mi padre. Eso era hace años, cuando ellos podían salir de Gaza. Durante la guerra mi padre les llamó varias veces para ver cómo estaban», explica.

ÉXITO DE BENNET

En la entrada de la escuela donde ha votado Eldad, en el centro de Sderot, hay varias mesas con voluntarios que reparten propaganda del partido ultraortodoxo Shas, de La Casa Judía (ultraderecha religiosa) de Naftali Bennett, y del nuevo partido religioso Yachad.

«Aquí se vota mucho a Bennett, pero algunos van a optar por Netanyahu para asegurarse de que se queda en el Gobierno», explica Oren, voluntario de La Casa Judía. «Netanyahu y Bennett son como hermanos», afirma Gilad, que asegura que ha entrado «mucho dinero de Europa para intentar que caiga Netanyahu, han pagado a los árabes para que vayan a votar».

Una señora de origen francés dice que quiere «un cambio de Gobierno porque Netanyahu no ha resuelto el problema de Gaza». ¿Y cuál es la solución? «Echar a todos los palestinos al mar», sentencia.

Sderot solía ser una ciudad laborista, pero en los últimos años ha virado hacia el Likud. Antes, las elecciones en esta localidad giraban en torno a la economía y los problemas sociales, pero ahora, los cohetes de Gaza parecen preocupar más a los ciudadanos.