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la guerra sucia contra los nazis los protagonistas

Malditos bastardos: golpe en Guinea

POR ANTONIO BAQUERO

El Duchesa dAosta, el navío italiano robado. /

El Duchesa dAosta, el navío italiano robado.
Un remolcador del comando.

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«Lo que fue posible en Fernando Poo es posible en cualquier otro lugar». Así concluye el informe en el que un responsable del Ejecutivo de Operaciones Especiales (SOE: la ultrasecreta unidad de comandos del Ejército británico) explica la Operación Postmaster, el espectacular golpe con el que en plena segunda guerra mundial se inauguró un nuevo estilo de hacer la guerra. Se trataba de acciones de comando tras las líneas enemigas al estilo de las perpetradas por los protagonistas de Malditos bastardos o Los 12 del patíbulo y que compartían siempre una característica: si salían mal, el Gobierno británico podía desentenderse de ellas. Aunque fueron pensadas para desarrollarse en territorio nazi, esa primera operación se desarrolló en 1941 en Guinea Ecuatorial, que entonces era colonia española.

Consistió en el robo de un enorme buque de pasajeros italiano, el Duchesa d'Aosta, una de las mejores unidades de la flota mercante, y de dos lanchas alemanas, Likomba y Bibundi, amarradas en el puerto de Santa Isabel (la actual Malabo). Los británicos sospechaban que esos barcos se usaban para aprovisionar a los U-boots, los submarinos alemanes que hundían barcos británicos que llevaban materias primas de las colonias africanas.

Plan de película

Para robarlas se puso en marcha un plan de película. Mientras los bastardos venían en barco desde Gran Bretaña, los espías británicos en la isla preparaban el terreno. Para evitar que los capitanes y los oficiales de los barcos estuvieran a bordo, el enlace en la isla del servicio secreto británico, en colaboración con Agustín Zorrilla, un español republicano, organizó para la noche del 14 de enero, cuando iba a ejecutarse la operación, una cena de gala en el casino a la que todos ellos fueron invitados. Durante el ágape, se hizo lo imposible para que los oficiales de los barcos estuvieran ebrios para el momento del asalto.

Mientras estos disfrutaban de las viandas y los licores, dos lanchas motoras británicas entraron sigilosamente en el puerto amparadas por la oscuridad, ya que, por la carencia de combustible, las luces se apagaban a las once de la noche. Los dos comandos los formaban 15 hombres del SOE y 17 voluntarios, entre ellos tres españoles. Los españoles tenían que contestar en castellano si alguien preguntaba quiénes eran.

En una acción perfectamente coordinada, los comandos, armados con pistolas, metralletas y granadas de mano, abordaron los tres barcos, encañonando a los desconcertados tripulantes, la mayoría de los cuales fueron sorprendidos durmiendo. Mientras, otros miembros del grupo colocaban cargas explosivas en las amarras de los navíos. A las 23.40 las hicieron estallar, cortando las cadenas que unían los barcos al puerto.

En ese intervalo, dos remolcadores británicos habían entrado en el puerto y mientras uno arrastraba al Duchesa d'Aosta, el otro tiraba de las dos lanchas alemanas. En total, la operación no duró más de 25 minutos. Para cuando llegaron al puerto los oficiales de los navíos y las autoridades españolas, que escucharon las explosiones desde el casino, los barcos ya habían desaparecido. Fueron remolcados a aguas internacionales, donde casualmente los localizó un navío británico que, argumentando que iban a la deriva, se los quedó para la corona como trofeo de guerra.

El 15 de enero, las autoridades de Santa Isabel escribieron un telegrama a España: «A las 23.30 de ayer fueron puestos petardos en el muelle causando una gran alarma las explosiones. A las 23.55, dado el alumbrado, se notó que los buques Duchesa d'Aosta, la Likomba y otra lancha habían desaparecido fuera de boya remolcadas por buque desconocido». Londres negó su implicación. Pese a eso, el régimen de Franco, que sospechaba de los británicos, montó en cólera. El ministro de Exteriores, Ramón Serrano Suñer, convocó de madrugada al redactor jefe del diario Arriba, al que ordenó un furibundo editorial.

La espectacular acción, cuya autoría se mantuvo en secreto durante 50 años, forma parte del libro Los guerreros secretos de Churchill (Churchill's Secret Warriors. The explosive true story of the special forces desperadoes of WWII), que ha sido publicado en Gran Bretaña y con que el historiador Damien Lewis aborda a los miembros del SOE, un grupo de «desesperados»«la más secreta y clandestina agencia de operaciones especiales y de espionaje, que fue creada por Winston Churchill

 

para que aplicaran el todo vale en la guerra contra el enemigo». Su misión era incendiar la retaguardia del enemigo en Europa y lanzar misiones de sabotaje y subversión.

«Tenían órdenes de hacer lo impensable contra el enemigo -cuenta a este diario Damien Lewis-. Los miembros del SOE alumbraron todo tipo de innovaciones. Se disfrazaban como el enemigo, usaban sus propias armas y hablaban su idioma. En grupos de no más de cuatro individuos, penetraban tras sus líneas para sabotear sus infraestructuras y armamento, y secuestrar y asesinar a los oficiales nazis. Incluso llegaban a robar bancos para financiar sus operaciones».

Hace 10 años, un historiador español ya recuperó ese episodio y lo plasmó en Objetivo África. Fue Jesús Ramírez Copeiro. «Me fui a Londres con mi mujer. El Gobierno británico acababa de desclasificar los archivos. Estuvimos 20 días trabajando sin parar. Pero fue apasionante. Realmente, Postmaster es de película». Según explica, los británicos «se llevaron el Duchesa d'Aosta a Gran Bretaña, le cambiaron el nombre y lo emplearon para transportar tropas».

Maletines bomba

Al SOE, sus miembros la llamaban la Firma o la Org. Oficialmente no existía, así que «todo era posible»«Se creó para realizar operaciones  políticamente explosivas, ilegales o  inconcebibles -por su suciedad- que fueran asumidas por el Gobierno británico», dice Lewis. Disponían de inventores que crearon bolígrafos que disparaban o maletines bomba, un departamento que luego apareció en las novelas y películas de James Bond, cuyo creador, Ian Flemming, colaboró en el SOE. Con estos individuos se inventó el prefijo 0 (popularizado luego con el 007 de Bond), que significaba que se autorizaba a usar todos los medios para eliminar al enemigo.

¿Quiénes eran esos bastardos, a quienes Hitler, tras saber de su existencia, ordenó apresar y ejecutar ahorcándolos con la cuerda de un piano para aumentar su sufrimiento? Se trataba de varias decenas de voluntarios -británicos, daneses, franceses e incluso españoles- que recibieron un entrenamiento especial. «Se les enseñó a luchar sin temor ni apresión para herir, mutilar, lesionar o matar con facilidad», dice el historiador. Los profesores fueron dos expolicías curtidos en los bajos fondos de Shangái que encargaron a la compañía Wilkinson un cuchillo especial para sus chicos, de hoja larga y forma de estilete

Dominaron la técnica de atacar por la espalda al enemigo, pasándole el brazo por el cuello y apretando para ahogar cualquier grito. Le sacudían la cabeza hacia un lado para cortar de un tajo la yugular. También aprendieron la estrangulación silenciosa, cómo derribar a un hombre de un golpe o a disparar al estilo Shangái. Esto consistía en apuntar apoyando la pistola en la cadera. Eso les ahorraría las décimas de segundo que se tarda en elevar el arma y les permitía ser más rápido que el rival. Había que disparar tres veces. Dos balas hacia el tronco del oponente, más fácil de acertar, y una tercera a la cabeza, para rematar.

Con métodos así y tras el espaldarazo que supuso el éxito en Fernando Poo -«si esa operación llega a fallar, el SOE se habría desmantelado», dice Lewis-, los bastardos aterrorizaron a los nazis en muchos escenarios, siendo en Grecia donde se concentraron en secuestrar y asesinar a oficiales alemanes. Sus acciones acabaron por generar entre los nazis un auténtico clima de terror. Lewis cuenta: «Algunos oficiales tenían miedo de dormir. 'Los británicos llegan como gatos y se van como fantasmas', decían». H

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Personaje quijotesco, aventurero y obsesionado con los héroes de la historia británica, este capitán de artillería había destacado por su valentía en Francia. Fue contactado por los responsables del SOE y se le encargó crear la unidad de comandos. Para ello buscó individuos igual de temerarios que él, sin importarle que no fueran británicos. Profundamente antinazis, sus chicos eran una mezcla de héroes y lunáticos. Muchos de ellos acabaron adictos a las 'bennies'. Así se llamaban las pastillas de benzedrina, una anfetamina que usaban para prolongar su aguante en batalla.

El danés Anders Lassen fue uno de los combatientes más temibles de los comandos del SOE. Hijo de una familia burguesa, se había entregado desde niño a la caza. Además era un experto marino. En el SOE se tenía por seguro que era el comando que más nazis había matado. Su destreza para matar sigilosamente le hizo ir siempre en avanzadilla para abrir camino, tal como hizo en 'Postmaster'. Intentó que le permitieran usar arcos y flechas en sus acciones -decía que eran silenciosas y efectivas-, pero sus superiores se lo negaron por considerar ese arma «demasiado cruenta».

Temas: Guinea Espionaje

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