Ir a contenido

RECONOCIMIENTO A LA CONSTANCIA

Ola de solidaridad con un vecino de Detroit que camina cada día 33 kilómetros para ir a trabajar

Aunque ahora quieren regalarle un coche, él reclama un servicio de autobuses para su barrio

IDOYA NOAIN / NUEVA YORK

James Ronertson, de camino al trabajo.

James Ronertson, de camino al trabajo. / Ryan Garza (AP / RYAN GARZA)

James Robertson nunca se ha quejado, aunque no le faltarían motivos para hacerlo. Este habitante de Detroit, de 56 años, sale cada día de su casa a las ocho de la mañana para dirigirse a su trabajo en una fábrica en un suburbio de la ciudad donde su turno empieza a las dos del mediodía y acaba a las 10 de la noche. Para cuando llega a su casa de vuelta normalmente son las cuatro de la madrugada. El traslado es tan largo porque Robertson, al que se le rompió el coche hace casi una década, realiza buena parte del camino a pie ante la falta de una red de transporte público efectivo en el condado. En total, unos 33 kilómetros al día, cada día de lunes a viernes, haga el tiempo que haga (incluyendo el duro invierno de Michigan) y pasando por algunas de las zonas más depauperadas y peligrosas de Detroit.

Su historia la hizo pública este fin de semana el 'Detroit Free Press' e inmediatamente ha desatado una ola de solidaridad. Un estudiante universitario puso en marcha una campaña de recaudación de fondos que para este lunes ya había recaudado 70.000 dólares. Un concesionario local de coches, donde han quedado “impresionados con su determinación”, ha ofrecido darle un vehículo y decenas de ciudadanos se han mostrado dispuestos también a regalarle coches, bicis o a hacerse cargo del pago del transporte (la ciudad ha asegurado que tiene un servicio para trabajadores de bajos ingresos que los lleva puerta a puerta pero que cuesta dinero).

El caso, más allá de las alabanzas a Robertson, pone también de manifiesto el problema que enfrentan muchos trabajadores y ciudadanos en Estados Unidos, especialmente en una región como la de Detroit, donde la presión de la industria automovilística redujo la oferta de transporte público. Guerras y peleas políticas que segregan a los condados de la ciudad y crisis económicas como la que llevó a Detroit a suprimir o reducir gran parte de sus servicios se han encargado del resto.

No falta quien ha sugerido que Robertson debería mudarse más cerca de su trabajo pero él ha explicado que vive con su novia en la casa que ella heredó y no pueden permitirse mudarse al suburbio donde está la fábrica, donde las casas son más caras. Y aunque cobra 10.55 dólares por hora, un 30% más que el salario mínimo establecido en el estado de Michigan, tampoco ha podido ahorrar para comprarse un nuevo coche o para afrontar el gasto de mantenerlo y asegurarlo (con una media de 5.000 dólares al año, las pólizas de Detroit son las más caras del país).

"QUE INVIERTAN EN AUTOBUSES"

“No puedo imaginarme no trabajar”, le dijo al 'Detroit Free Press' Robertson, que antes incluso de que su historia se hiciera pública contaba con la solidaridad de gente como Blake Pollock, un banquero que de vez en cuando le acerca al trabajo o a casa en su coche.
Aunque el banquero se ha ofrecido a establecer algún tipo de organización que le ayude a gestionar el dinero de las donaciones asegura que “poner un coche en su entrada de casa y darle las llaves o llenarle los bolsillos con efectivo no es la respuesta”.

El propio Robertson parece coincidir. “Deberían invertir dinero en un sistema de autobuses que funcione 24 horas al día, no uno específico para mí”, le dijo al diario local cuando este le volvió a contactar.