REVELACIONES PERIODÍSTICAS EN ALEMANIA

Schmidt y el nazismo

Una biografía difundida por 'Der Spiegel' sostiene que el excanciller alemán fue «contaminado» por el nacionalsocialismo El socialdemócrata dice que solo cumplió con su deber militar

Salud frágil 8 Helmut Schmidt, en una televisión de Hamburgo.

Salud frágil 8 Helmut Schmidt, en una televisión de Hamburgo. / ANGELIKA WARMUTH

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J. M. FRAU / BERLÍN

¿Tuvo la antigua República Federal de Alemania otro canciller con pasado nazi, aparte de Kurt Georg Kiesinger? El semanario Der Spiegel se formula esta pregunta en su edición de esta semana, en la que cita aspectos de la vida del excanciller Helmut Schmidt contenidos en un libro biográfico que antes de publicarse ya ha generado polémica. Sobre el pasado de Kiesinger, que ocupó la cancillería de 1966 a 1969, no hay dudas. Fue miembro del Partido Nacionalsocialista antes de pasarse a la Unión Cristianodemócrata (CDU).

Pero ahora, Sabine Pamperrien, la autora de la obra Helmut Schmidt y la maldita guerra, afirma que el excanciller socialdemócrata, que gobernó el país entre 1974 y 1982, estuvo durante un tiempo «contaminado» por la ideología nazi. Fundamenta esta afirmación en los expedientes que existen sobre un joven teniente que entre agosto de 1941 y enero de 1942 estuvo destinado como oficial en el frente oriental, y que recibió la Cruz de Hierro de segunda clase. Este joven oficial era Helmut Schmidt, de quien los expedientes que Pamperrien ha encontrado en el archivo militar de Friburgo destacan, entre otros valores, su «talento para la organización» y para superar situaciones difíciles, además de su sintonía con la ideología nazi.

Respetado líder

No es la primera vez que sale a la luz el pasado que une al hoy anciano y respetado excanciller con el régimen nacionalsocialista. Der Spiegel cita una frase que el entonces primer ministro israelí Menachem Begin pronunció en 1981, cuando Schmidt todavía era canciller: «No sé lo que hizo con los judíos en el frente oriental».

En su información sobre la biografía de Schmidt, el semanario afirma que también ha consultado el archivo militar de Friburgo y ha hablado con destacados historiadores militares, que coinciden en el escaso valor de los informes que las Fuerzas Armadas hacían entonces sobre sus miembros. Los expertos citados aseguran que las afirmaciones sobre las afinidades políticas de los oficiales de entonces con la ideología nacionalsocialista son muy frecuentes en los informes de la época, pero no tienen por qué revelar las verdaderas inclinaciones políticas de los soldados.

El propio Helmut Schmidt ya ha comentado su participación en la segunda guerra mundial como oficial del Ejército alemán: «Mientras que por una parte rechazaba el nacionalsocialismo y esperaba un mal final de la guerra, por otra, no tuve ninguna duda en asumir para Alemania mis obligaciones como soldado», ha dicho.

Helmut Schmidt cumplirá 96 años el próximo día 23 y es una de las voces más respetadas y escuchadas de Alemania. Su avanzada edad le permite afirmar que ya está «por encima del bien y del mal». El pasado viernes, en una conferencia organizada por el semanario Die Zeit, del que es editor, reconoció que en sus tiempos de canciller tuvo serios problemas de salud, aunque aseguró que nunca le impidieron cumplir con su deber político.

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Abandonó la cancillería cuando tenía 64 años. Más de tres décadas después, rechaza invitaciones a actos en los que no se le permita fumar. «Sólo dejo de fumar en la iglesia», ha afirmado. Sentado en silla de ruedas, llena los estudios de televisión, donde participa con cierta frecuencia en tertulias, con el humo de sus cigarrillos mentolados que enciende uno tras otro.

En un largo discurso pronunciado en el congreso del Partido Socialdemócrata (SPD) en diciembre de hace tres años, aseguró que «en un plazo previsible, Alemania no será un país normal, debido a nuestra monstruosa y, sin embargo, extraordinaria carga histórica». En el mismo escenario criticó la política de austeridad de Merkel: la exigencia de austeridad genera «una preocupación creciente ante un dominio alemán; sin crecimiento ningún Estado podrá sanear sus cuentas». Y añadió: «Necesitamos un corazón compasivo para con nuestros vecinos y socios, sobre todo con Grecia».