20 oct 2020

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25º ANIVERSARIO DE LA EFEMÉRIDE QUE CAMBIÓ EUROPA

«El muro no cayó, fue derribado»

La presión ciudadana jugó un papel decisivo en el fin de la división de Alemania

Las protestas desbordaron al régimen de la RDA en algunas ciudades del Este

J. M. FRAU / BERLÍN

El primer fin de semana de junio de 1987 la música traspasó el muro que dividía Berlín desde hacía 26 años. En la parte occidental, junto a la Puerta de Brandeburgo, unas 60.000 personas se habían reunido para escuchar a ídolos como David Bowie, Génesis o Eurythmics. A un tiro de piedra, pero al otro lado del muro, miles de estudiantes y trabajadores de Berlín Este y de otras ciudades de la República Democrática de Alemania (RDA) intentaban acercarse para oír, aunque sin poder ver lo que estaba ocurriendo en el gigantesco escenario. Ignorando las órdenes de la Volkspolizei (Policía del pueblo), que les instaba a abandonar la zona «inmediatamente» y marcharse a casa, gritaban «El muro debe caer» y «Gorby, Gorby», en referencia a Mijail Gorbachov, el líder de la Unión Soviética que se había convertido en su esperanza, después de haber iniciado la 'perestroika', el proceso de reformas políticas.

Pocos días después, el viernes 12 de junio, el entonces presidente de EEUU, Ronald Reagan, pronunció un discurso en el mismo lugar e hizo un llamamiento al líder soviético: «Señor Gorbachov, derribe este muro». El próximo domingo se cumplen 25 años de la caída del muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, dos años y medio después de la famosa frase que Reagan pronunció junto a la Puerta de Brandeburgo. Sin embargo, aparte de la influencia que Gorbachov ejerció en el proceso, con sus reformas y con sus desencuentros con el entonces máximo dirigente de la RDA, Erich Honecker, que se oponía a las reformas del líder soviético, la presión ciudadana jugó un papel fundamental.

Autoliberación 

Lothar de Maizière, que después de la caída de muro fue elegido primer ministro de la RDA, cargo que fue abolido meses más tarde tras la reunificación de Alemania, reivindicó ayer la importancia de la ciudadanía en el proceso. En una entrevista emitida por la radio pública, el político democristiano afirmó que «el muro no cayó, fue derribado». Y añadió que el final de la RDA fue «en primer lugar un acto de autoliberación y después un acto de autodemocratización», que la población de la RDA desarrolló. De Maizière manifestó, además, su desagrado con la expresión «caída del muro» utilizado para describir el final de la división del país.

La fecha 

La versión oficial otorga a Helmut Kohl la categoría de canciller de la reunificación. El político democristiano, que interrumpió bruscamente un viaje oficial a Polonia cuando fue informado de los acontecimientos que estaban sucediendo en Berlín la noche del 9 de noviembre de 1989, estuvo en el poder 16 años, entre 1982 y 1998, cuando tuvo que dimitir por un escandaloso caso de financiación irregular de su partido. Dirigió la negociación de la adhesión de la RDA, que concluyó el 3 de octubre de 1990. Esa fecha es, desde entonces, el Día de la Unidad alemana.

La idoneidad de la fecha como fiesta de la unidad es cuestionada por amplios sectores de la sociedad. El pasado 3 de octubre, el comentarista del Süddeutsche Zeitung, Heribert Prantl, restaba valor al día elegido para celebrar la fiesta de la reunificación y aseguraba que, en realidad, «el 3 de octubre celebramos el 9 de octubre de 1989». Aquel día, justo un mes antes de la caída del muro, tuvo lugar una gran manifestación en Leipzig, en la que 70.000 personas se enfrentaron a la policía de la RDA exigiendo libertad. El régimen, que había calculado una asistencia de 2.000 personas, fue superado por los acontecimientos. Prantl califica este día como el «del milagro alemán». En Leipzig se habían iniciado las manifestaciones pacíficas de los lunes, en torno a la iglesia de San Nicolás. Solo unas semanas antes de aquel 9 de octubre, habían participado unas 800 personas.

Genscher

El 30 de septiembre de 1989 es otra de las fechas consideradas clave en el desarrollo de los acontecimientos que culminaron con la caída del muro. Hans Dietrich Genscher, que entonces era ministro de Exteriores de la República Federal Alemana (RFA), desde el balcón de la embajada de su país en Praga habló a unos 4.000 ciudadanos de la RDA, que llevaban semanas refugiados en la sede diplomática tras la eliminación de los controles fronterizos decidida por Hungría. «Estamos aquí para informarles de que su salida...». Genscher no pudo terminar de explicarse. No hizo falta porque los miles de alemanes del Este interpretaron el resto.

En Berlín Oriental, el 4 de noviembre de 1989, cerca de un millón de personas se congregaron en la Alexanderplatz. La manifestación fue autorizada, tal vez en un intento del régimen por controlar los acontecimientos. Altos cargos del partido hegemónico, como Günter Schabowski, tomaron la palabra y fueron abucheados por parte de los asistentes. El mismo día, 1.000 refugiados de la RDA llegaron a Baviera, en el sur de Alemania Occidental, procedentes de Praga.