10 jul 2020

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BATALLA INTERNA EN LA DERECHA FRANCESA

Sarkozy divide a los Chirac

El expresidente Jacques Chirac apoya a su exprimer ministro Alain Juppé, mientras su mujer Bernardette se decanta por Nicolas Sarkozy

EVA CANTÓN / PARÍS

Chirac (izq.) junto a Alain Juppé, en el 2008 en París.

Chirac (izq.) junto a Alain Juppé, en el 2008 en París. / AFP / PATRICK KOVARIK

Lejos de ser el unificador de la derecha, la reaparición en la escena francesa de Nicolas Sarkozy provoca grandes divisiones en el seno de su propia familia política. La última la han protagonizado el expresidente Jacques Chirac y su esposa, Bernardette, una activa exprimera dama que no tiene entre sus costumbres la de morderse la lengua.

En la contienda desatada entre los candidatos de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) de cara a las presidenciales del 2017, Chirac ha tomado partido por su eterno delfín, el exprimer ministro Alain Juppé, mientras Bernardette ha prometido fidelidad a Sarkozy. No solo eso, este domingo le lanzaba al alcalde de Burdeos un dardo envenado: “Alain Juppé es muy, muy frío y no atrae ni a la gente, ni a los amigos, ni a los potenciales electores”, se despachó la exprimera dama.

Pues bien, este jueves era Chirac el que salía en defensa de Juppé al mostrarle su apoyo en el diario Le Figaro. “Siempre he sabido que Alain Juppé acudiría a la cita con su destino y el de Francia. Pocas cosas podrían gustarme más, por mí, por él y, sobre todo, por nuestro país”, dice el expresidente.

SUCESOR NATURAL

Juppé era para Chirac su sucesor natural cuando, en el 2004, fue condenado a 18 meses de cárcel y una inhabilitación para ejercer cargos públicos durante diez años. La sentencia judicial acreditó su implicación en la trama de empleos ficticios urdida por el Ayuntamiento de París (siendo Chirac alcalde) para financiar la Agrupación por la República (RPR), el partido gaullista antecesor de la actual UMP.

Ahora, con 69 años, el exprimer ministro y aspirante al Elíseo cultiva su imagen de hombre sabio y asegura en su blog que quiere “evitar las controversias y las divisiones inútiles que no responden a ninguna de las preocupaciones prioritarias de los franceses”.