Los precedentes históricos

El EI no quiere repetir en Siria los errores de Irak

El grupo era residual en Bagdad y usó a un grupo yihadista para entrar en el país vecino

El principal objetivo de Bagdadi es borrar la frontera sirio-iraquí, que separa a los sunís

Dos miembros del ISIL, el pasado mes de enero, frente a un coche policial en llamas en Irak.

Dos miembros del ISIL, el pasado mes de enero, frente a un coche policial en llamas en Irak. / AP

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MARC MARGINEDAS
BARCELONA

En enero del 2012, pocos meses después del estallido de la revolución en Siria contra el régimen del presidente Bashar el Asad, un nuevo grupo armado rebelde, que aspiraba, no solo a derrocar al Gobierno de Damasco, sino a sustituirlo por un estado regido por la sharia o ley islámica, vio la luz en el territorio bajo control de las fuerzas opositoras sirias. Se llamaba Jabhat al Nusra li Ahl ash-Sham o Frente de Apoyo a la Gente del Levante, y en seguida, suscitó la inquietud de las cancillerías occidentales por su ideología yihadista y su alineamiento con Al Qaeda, frente a la moderación y la defensa de un Estado democrático preconizada por el hasta entonces mayoritario Ejército Sirio Libre.

Con el paso de los meses, Jabhat al Nusra iba asumiendo en sus filas combatientes que habían luchado contra la ocupación norteamericana en el vecino Irak, muchos de ellos procedentes de las filas del Estado Islámico de Irak, organización fundada por el sanguinario Abú Musab al Zarqaui, responsable de las mediáticas decapitaciones de rehenes occidentales hace un decenio en Bagdad y abatido por las tropas estadounidenses en el 2006. La mayor destreza en el dominio de las armas de los combatientes de Jabhat al Nusra y su mayor capacidad, en comparación con las milicias del Ejército Sirio Libre, -formado fundamentalmente por bisoños desertores del Ejército regular sirio- para llevar a cabo acciones efectivas contra las tropas regulares sirias fue granjeándose las simpatías de una parte de la población civil y concediéndole un papel cada vez mayor en el combate contra las huestes de Asad.

CAEN LAS MÁSCARAS / En abril del 2013, las máscaras cayeron. Abú Bakr al Bagdadi, líder del Estado Islámico en Irak (ISI por sus siglas en inglés) y sucesor de Zarqaui, hizo valer su peso en Jabhat al Nusra (JAN), y en un mensaje de audio, declaró que el dinero y el apoyo logístico de su organización había posibilitado  el ascenso y la existencia de un grupo yihadista en la guerra civil siria, anunciando la fusión del ISI con el JAN y rebautizando al grupo como Estado Islámico de Irak y el Levante (Siria), más conocido como ISIL. Abú Mohamed al Golani, líder de JAN hasta entonces, rechazó la decisión, y sus combatientes acabaron eligiendo entre una u otra formación. Tras meses de negociaciones, finalmente, en octubre del 2013, desde las lejanas montañas de Asia Central, el líder de Al Qaeda y sucesor de Osama bin Laden, Aymán al Zauahiri, hasta entonces la organización matriz del yihadismo mundial, acabó por ordenar al ISIL que se disolviera y puso al frente de los esfuerzos yihadistas en Siria a JAN. En febrero del 2014, Al Zauahiri desautorizó las acciones y la lucha armada del ISIL.

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De los contactos mantenidos con dirigentes del ISIL se desprende que todo obedecía a una estrategia meditada previamente por Abu Bakr al Bagdadi, quien recurrió al método de alistar a sus hombres en Jabhat al Nusra como una especie de caballo de troya. Quería participar en la guerra civil siria, pero no con el objetivo principal de derrocar a la dictadura de la dinastía Asad, sino para  proclamar un califato desde las orillas del Mediterráneo a la provincia iraquí de Al Anbar, borrando la frontera entre Siria e Irak, que separa a los musulmanes sunís y trazada con tiralíneas por Francia y el Reino Unido en el tratado de Sykes-Picot.

Este pacto, firmado en 1916, delimitó  las respectivas esferas de influencia de París y Londres en Oriente Próximo tras la derrota del imperio Otomano, y que es visto por muchos sunís como una humillación y una imposición de las potencias coloniales. «No queríamos que los sirios nos vieran con recelo; queríamos evitar lo que pasó en Irak, cuando EEUU formó milicias sunís pagadas por ellos para luchar contra nosotros; por eso al principio nos integramos en JAN», explicó en febrero un cargo medio del EI.