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La contienda

España, hervidero de espías

Xavier Casals

La neutralidad de España no impidió que el país fuera un escenario central del espionaje de ambos bandos, hasta el extremo de que sus redes de inteligencia llegaran a poner en entredicho su soberanía, según indica el historiador Fernando García Sanz en España en la Gran Guerra. ¿Fue realmente así? Es difícil de valorar, pero la información que aportan otros dos historiadores, Eduardo González y Paul Aubert (Nidos de espías), demuestra que aquí se libró una verdadera batalla virtual.

Al iniciarse el conflicto, alemanes y franceses iniciaron una intensa actividad en nuestro país para neutralizar el esfuerzo bélico del adversario. Para lograrlo, invirtieron grandes sumas en conocer movimientos y suministros del enemigo mediante confidentes en zonas portuarias y costeras. A la vez, quisieron crear un clima de opinión favorable gratificando a figuras influyentes, altos cargos y hasta financiando campañas electorales.

Ello originó lealtades volátiles: Alejandro Lerroux se proclamó aliadófilo y brindó apoyo a Francia y Gran Bretaña, pero propuso a Alemania liderar una campaña pacifista basada en la neutralidad del país por dos millones de pesetas. También el financiero Juan March hizo un doble juego (los británicos le calificaron de «hombre extremadamente peligroso»): acumuló fuel para submarinos germanos y filtró movimientos alemanes a la Marina francesa.

Este combate invisible hizo cierto el adagio de que la primera víctima de una contienda es la verdad, ya que la venalidad de la prensa alcanzó límites insospechados. El Reich, por ejemplo, financió a los portavoces cenetistas Solidaridad Obrera y Tierra y Libertad. Según explicó el líder ácrata Ángel Pestaña, ante su penuria de medios, los responsables aceptaron dinero alemán.

Pero es erróneo pensar que existió un «dirigismo mediático», ya que los caminos por los que el dinero llegó a la prensa fueron diversos. De esta forma, el director de El Parlamentario, Antón de Olmet, explicó en una carta al embajador germano que su diario era proalemán sin contrapartida alguna, pero al conocer sus problemas financieros le formulaba esta pregunta: «¿Quiere Vd ayudar a que se sostenga un diario que les sirve a Vds con tanto desinterés?». Eso sí, dejó «a su caballerosidad» la cuantía del posible apoyo.

POLICÍAS Y PISTOLEROS / La labor de inteligencia también incitó a realizar huelgas o atentados contra fabricantes para boicotear producción destinada al enemigo. En este aspecto, Barcelona fue la sede principal del espionaje y contraespionaje en el país y una de las plazas más relevantes de Europa. Esto generó un submundo de espías fronterizo con el hampa que subsistió en la posguerra, como acreditó la acción de la banda del llamado barón de Koenig en los años del pistolerismo.

Si nos preguntamos cuál fue el impacto en la Gran Guerra del espionaje hecho en España, García Sanz subraya su importancia porque la Entente descifró aquí los códigos de sus enemigos en 1917 y plantea esta llamativa hipótesis: «¿Sería muy osado decir que Austria-Hungría y Alemania empezaron a perder la guerra en España meses antes que en el frente?». El resultado del conflicto, pues, pudo decidirse en la piel de toro.

Historiador

Y MAÑANA:

 

18. Fin: ¿Puñalada por la espalda?

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