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NEGOCIO CON LA INFANCIA EN ASIA

Orfanatos bajo sospecha

La India reabre el debate sobre el tráfico ilegal de niños pobres enviados a centros de acogida del sur Las autoridades temen que estas instituciones se conviertan en sitios de explotación

VÍCTOR OLAZÁBAL
NUEVA DELI

Hasta 586 niños de entre 4 y 12 años viajaban en dos trenes para cruzar la India desde el norte del país hacia Kerala, en el sur. Su viaje terminó cuando la policía inspeccionó los vagones en la estación de Palakkad, cerca de Coimbatore. Muchos iban indocumentados y otros tenían papeles falsos con la misma fecha de nacimiento. Se encontraban «como pollos», señaló un informe del Tribunal Superior de Kerala. Una decena de adultos fueron detenidos. Los niños estaban siendo enviados a dos orfanatos del sur, un caso que ha generado muchas dudas.

En la India, un orfanato no es el asilo solo de niños que no tienen padres. Centenares de familias sin recursos entregan sus hijos a estas instituciones porque no pueden mantenerles en casa. Ocurre sobre todo en el norte, en los estados de Bengala, Bihar, Jharkhand o Uttar Pradesh. Por 1.500 rupias (18 euros), estos centros les prometen tres comidas diarias y una buena educación, una oferta que muchos padres no dudan en aceptar. «¿Quién no quiere que su hijo se convierta en médico o ingeniero? Yo aquí no tengo nada», dijo a la prensa local recientemente Mohd Murshid, que envió a Kerala a su hija de 6 años. «Su vida es más fácil cuando alguien se ofrece a cuidar de sus hijos», afirma un funcionario del Comité del Bienestar del Niño.

Organizaciones como Save The Children rechazan este tipo de instituciones cuando no se trata de atender a huérfanos. «La situación de los niños no tiene por qué ser mejor en esos orfanatos que en su casa. Una casa es el mejor sitio para un niño, a menos que se den casos de maltrato. Un orfanato debe ser la última opción», apunta a este diario Shireen Vakil Miller, directora de asuntos legales de la entidad en la India.

Oferta y demanda

El caso de Palakkad ha reabierto el debate sobre la gestión de los orfanatos de Kerala, que desde hace un mes vuelve a mirarse con lupa. Hay unos 2.000 en todo el estado y la mayoría están vinculados a oenegés religiosas musulmanas o cristianas. Muchos llevan casi una década recogiendo a niños del norte, algo prohibido por el Tribunal Supremo. El orfanato Mukkam, uno de los mayores, alberga a 1.000 niños, siendo 400 de otros estados. La explicación es simple: Kerala es de los estados más desarrollados de la India y va reduciendo el número de familias pobres, algo que abunda en la otra punta del país. Pura oferta y demanda.

Su financiación suele ser triple: el pequeño pago familiar, las subvenciones estatales y la contribución extranjera, si bien tratan de ocultar esta última para que no les corten la financiación pública. Las asociaciones de derechos humanos creen que en muchos orfanatos la comida y la educación es buena. No obstante, el año pasado se registraron ocho casos de abuso sexual en varios centros y en 2011-2012 las autoridades cerraron 69 en todo Kerala al certificar sus malas condiciones. «Deberíamos poder confiar en estos orfanatos, no son realmente legales. Tendría que haber más medidas de control», entiende Vakil Miller.

Cuando los asilos temen que vaya a llegar una inspección suelen deshacerse de los niños que no tienen registrados. Si los menores tienen suerte, aparecen luego en estaciones de tren gracias a las denuncias de oenegés y a las operaciones policiales. Si no, son carne idónea para el reclutamiento en alguna fábrica de las grandes ciudades.

Hace dos semanas se encontraron 23 chicos abandonados en la estación de Thrissur y 18 en Thiruvalla, ambas en Kerala. Al oeste de Delhi, la oenegé local Bachpan Bachao Andolan (BBA) halló junto con la policía a 54 menores en un orfanato ilegal procedentes de Bihar, Manipur y Jharkhand. «Estaban en condiciones deplorables, antihigiénicas, y se les privaba de alimentos adecuados. La mayoría tiene padres en sus lugares de origen», aseguran en BBA. La policía sabe que algunos orfanatos no registrados son caldo de cultivo para la trata de personas. La justicia investiga ahora si los 586 niños de Palakkad entran en este delito. Más de 150 han vuelto a casa. El resto espera en un hogar de acogida del Comité del Bienestar del Niño.

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