Seis meses inquietantes

"Marc, dime que estás bien"

El secuestro de Marginedas generó una enorme ansiedad, pero también solidaridad

Familiares, amigos y compañeros de Marc Marginedas se han reunido cada miércoles frente a la puerta del diario para pedir la liberación del periodista, secuestrado en Siria. / MÓNICA TUDELA

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ALBERT GUASCH / Barcelona

«Marc, me marcho muy preocupado. Ya he cambiado la apertura, dada la hora. Estaré pendiente del e-mail. Dime que estás bien. Abrazo».

El jefe de sección de Internacional envió este mensaje a las 22.57 horas del 4 de septiembre. Marc no había transmitido su artículo que abría la sección de la edición del día siguiente. Dejar de enviar un artículo es extremadamente inusual, es cosa seria, y con Marc no había ocurrido nunca en ningún conflicto anterior.

Al mediodía se había producido la última conexión, siempre vía correo electrónico. Las líneas telefónicas no funcionaban, no podía usar el teléfono satélite y la electricidad se iba y volvía. «Estoy bien. Muchos problemas con internet hasta ahora. Si ves que no contesto, no te preocupes. O la luz se ha ido o va mal internet», escribió el día anterior.

Marc nos había acostumbrado a enviar su artículo sobre las 9 de la noche, cuando reaparecía la luz y podía conectarse a la red. Solo cabía confiar en que ese día, excepcionalmente, el apagón hubiera sido más duradero en Qasr ibn Wardan, la localidad del centro de Siria en que se alojaba.

La oscuridad, en realidad, se hizo sobre EL PERIÓDICO. Marc no volvió a dar señales de vida y pasadas unas cuantas horas el fatalismo prendió en aquellos que estaban al corriente de la situación. Cualquier posibilidad, por fea que resultara, era plausible en una guerra que intensificaba su crudeza.

Drama visible

El angustiante misterio empezó a disiparse dos días después. La redactora jefe de Internacional mantuvo un intercambio de e-mails con una periodista conocida por sus fiables fuentes en Siria, la cual se comprometió a hacer averiguaciones. «¿Me puedes llamar?», escribió en un momento determinado con inusual brevedad. Así se hizo. «¿Cómo os lo puedo decir sin alarmaros en exceso?», empezó diciendo. Fue la primera en revelarnos que un grupo yihadista llamado Estado Islámico de Irak y Levante (ISIL) había secuestrado a Marc.

Por prudencia, por no tener constatación oficial, porque la discreción acostumbra a ser un aliado conveniente, el diario se guardó un tiempo la información. Hasta que el 23 de septiembre optó finalmente por hacerla pública. Marc Marginedas se convirtió en noticia. «Marc Marginedas, secuestrado», tituló EL PERIÓDICO en portada. Nuestro drama cobró visibilidad.

El secuestro de periodistas era un fenómeno que empezaba a despuntar en Siria. Se sabía de cuatro reporteros franceses en la misma situación. Y algún italiano. Y un norteamericano de larga duración. Pero hasta que no tocó aquí no fuimos conscientes de ello. Incluso las guerras suelen tener reglas. En Siria no había ninguna. Y los corresponsales de guerra se convirtieron también en víctimas de esta anarquía bélica. De observadores a objetivos.

Los medios de comunicación nacionales y varios internacionales obsequiaron al diario con su solidaridad. Las redes sociales se volcaron con los hashtag #MarcTesperem y #freemarc. Y los compañeros de Marc en el diario acordaron una ceremonia de recuerdo, de reivindicación de su trabajo y de reclamación de su puesta en libertad. Cada miércoles, por ser el día en que fue capturado, la redacción en pleno salió frente a la sede del diario en Consell de Cent durante 23 semanas.

«Marc es un periodista valiente y comprometido que siempre está dispuesto a informar desde la primera línea y buscar la verdad allí donde se encuentre, en cualquier rincón del mundo, y necesitamos que lo liberen pronto para que siga haciéndolo», reza una parte del comunicado que cerraba el acto. En la delegación de Madrid, de Zaragoza, en la universidad de Navarra, donde estudió Marc, se llevaron a cabo acciones solidarias similares.

Por en medio se desveló que el enviado especial de El Mundo, Javier Espinosa, y el fotoperiodista que le acompañaba, Ricard Garcia Vilanova, cayeron también en las garras yihadistas. La profesión periodística redobló la solidaridad y la movilización. El Col.legi de Periodistes de Catalunya, por ejemplo, organizó un acto de homenaje a la figura del corresponsal de guerra y los columnistas más reputados homenajearon a Marc y a todos los periodistas de su especie en sus piezas.

Sufrimiento de civiles

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El rotativo italiano Il Corriere della Sera reconoció la trayectoria de Marginedas con un prestigioso premio. «Los enviados especiales como Marginedas son indispensables», alabó el director del diario italiano. Hasta el Parlamento Europeo destacó en una sesión plenaria su labor sobre el terreno, seria, precisa, extensa. La de Marc y la de la veintena de informadores europeos que siguen secuestrados.

«Esto es Siria, nen. El concepto del tiempo es muy distinto al nuestro», escribió Marc con retranca justo el día antes de su secuestro en un e-mail. Allí no está claro, pero aquí seis meses se han hecho muy largos. Felizmente, los miércoles en el diario volverán a ser convencionales.