NOVEDADES EN LA INDUSTRIA DE LAS NOTICIAS EN EEUU

Periodistas y editores

Varios periodistas de relevancia en Estados Unidos han decidido explotar  su nombre y crear sus propios medios de comunicación 'on line', abandonando  el cobijo de reputados diarios de papel, de los que hasta hace nada nadie osaba irse.

Periodistas y editores
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ALBERT GUASCH

En un reciente artículo, David Carr, especialista de The New York Times sobre el espacio comunicativo, aseguró que está surgiendo una generación de periodistas y editores que «están construyendo un nuevo ecosistema de medios de comunicación que acogerá a las nuevas grandes marcas». Lo escribió a cuento del portazo a The Washington Post de Ezra Klein, el joven creador del blog político Wonkblog, el más leído del diario de la capital. Klein pidió 10 millones de dólares y un staff de 30 periodistas para un proyecto on line con ínfulas innovadoras. Jeff Bezos, el nuevo dueño del diario, ni se molestó en responderle. Y se fue, llevándose la idea a Vox Media, una empresa digital de la que apenas nadie había oído hablar. Un punto de inflexión -coincidieron Carr y tantos otros comentaristas- en la reinvención del periodismo on line.

La marcha de Klein, de 29 años, fue una sensación en Washington y en el ámbito periodístico. La osadía parece mayor. Klein se propone, partiendo de cero, crear su propia plataforma y competir en el espacio digital con los diarios tradicionales como el que le dio a conocer. ¿Es eso posible? ¿Pueden las emergentes estrellas de internet crecer en el competitivo terreno de las noticias sin el amparo de los gigantes periodísticos de toda la vida? Son cuestiones que planean en la industria ahora mismo, al menos en EEUU. Porque el caso de Klein no es único, es casi una tendencia. Periodistas que apuestan por convertirse en editores.

En las últimas semanas hemos visto independizarse a Nate Silver, el gurú del periodismo de datos, referencia de las predicciones electorales, que se largó de The New York Times para asociar su negocio numérico a ESPN. Esta semana, Bill Keller, exdirector de la vieja dama gris, vació sus cajones del rotativo para liderar The Marshall Project, una web sin ánimo de lucro que pretende denunciar las deficiencias del sistema de justicia norteamericano con profundos reportajes de investigación. Horas después se desveló The Intercept, el portal de Glenn Greenwald, el confidente de Edward Snowden en el espionaje de la NSA. Greenwald abandonó The Guardian para unirse a un conglomerado digital llamado First Look Media, de Pierre Omydar, el multimillonario que fundó eBay.

Exageradamente, algunos articulistas se han referido a esta tendencia como una suerte de culto a la personalidad de algunos reporteros dispuestos a hacer de sí mismos una marca. Pero al margen de la vanidad, parece más preciso hablar de las posibilidades de las nuevas tecnologías, de la creación de nuevos formatos y de costes de producción más baratos que ofrece internet frente a la prolongada perplejidad de los diarios de papel tradicionales. Y, salvo excepciones, estos periodistas-editores no tienden a buscar la transversalidad, sino la especialización.

Inventar la rueda

Juan Antonio Giner, fundador y presidente de Innovation, consultora de medios asentada en Londres, resume bien el fenómeno. «En la historia de los medios nadie se come a nadie, más bien se adaptan o conviven. Lo distinto ahora es que son proyectos que no intentan contarlo todo a todo el mundo. Son nuevos medios hiperespecializados y sobre temáticas muy concretas para audiencias muy segmentadas», explica por correo electrónico desde Boston.

Por lo que ha ido revelando, Ezra Klein parece dispuesto a abrir el abanico temático y competir en el terreno generalista. Una excepción. «No intentamos construir un súper Wonkblog. Queremos ser increíblemente buenos en política, pero también en deportes y ciencia. Es un producto amplio», apuntó al diario digital Buzzfeed. Pero lo que distinguirá a lo que por ahora se conoce misteriosamente como Project X será «la idea de cambiar y arreglar el problema de cómo las noticias son presentadas en internet, un problema -afirmó- reconocido desde hace tiempo. Creo en la ambición de lo que estamos haciendo, pero es importante recordar que no estamos inventando la rueda».

Una lástima que no sea así, porque su iniciativa ha generado expectación en una industria ansiosa por encontrar fórmulas que le permita salir del atolladero. Cualquier luz es más que bienvenida. Las iniciativas individuales no dejarán de surgir en EEUU para abrir y cerrar caminos. «Irán a más porque los medios para todos son medios para nadie, y cada vez serán más inviables quienes quieran contar todo a todos, salvo que uno tenga un ejército periodístico comercial al nivel de The New York Times, Bloomberg, Reuters o Financial Times... El resto serán operaciones periodísticas casi de guerrillas», apunta Giner.

Juan Varela, vicepresidente de Impremedia y con amplia experiencia en la consultoría de medios, deposita también el valor en las propuestas de periodistas mediáticos y con gancho. «Los medios ya no son nada sin los nombres propios que les proporcionan audiencia. Necesitan firmas que se identifiquen con ellos y que la gente les identifique con un tipo de información. Las redes sociales han puesto de manifiesto ese vínculo directo. Ahora unas pocas personas pueden montar un medio de gran desarrollo tecnológico sin necesidad de la estructura de los medios de comunicación tradicionales», explica desde Los Ángeles. 

Está asumido, pues, que el futuro de los medios de información se encuentra en el ámbito digital, pero sus modelos de negocio son inciertos. El proyecto de Nate Silver podrá crecer sin la ansiedad de generar recursos a corto plazo. Por algo cuenta con el respaldo de la máquina de ingresos que es ESPN. Lo mismo le ocurre a The Intercept, de Greenwald, que cuenta al parecer con una inyección de 250 millones de dólares.

La empresa de Ezra Klein, en cambio, nace de cero, y por tanto más presionada a funcionar enseguida, como muchos de los abundantes portales de todo tipo que flotan en internet. Muchos de ellos, puros agregadores a los que añaden uno o dos toques propios, lo que ha dado munición a los escépticos, como George Packer, de New Yorker, que se preguntaba recientemente si todo el mundo se dedica a agregar y comentar el trabajo de los demás, quién se dedicará a hacer periodismo.

Pero obviamente no todos son así. Hay fórmulas rabiosamente periodísticas que han funcionado, como Politico, formado por reporteros que saltaron de diarios de papel. «Todos estos medios nacen muy pequeños pero conforme ganan audiencia y publicidad sus plantillas crecen y se multiplican», subraya Giner.

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Los hay que lamentan la ruptura entre las firmas y los medios relevantes, como Andrew Sullivan, periodista británico y pionero en el blog político, cuyo portal The Dish ha tenido diferentes hogares: Time, The Atlantic... «Es más rentable la fusión, pero los egos de los dirigentes de las publicaciones y el entusiasmo de las nuevas estrellas colisionan», anotó.

El entusiasmo, esa característica tan norteamericana, define a Klein. «Es un momento increíblemente apasionante de estar en los medios. Estamos ante una nueva forma de presentar las noticias y llegar a a la gente. Quien no lo crea no sé qué hace en un medio de comunicación».