Análisis

Ocasión para el acuerdo

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Antoni Traveria
Antoni Traveria

Profesor de Relaciones Internacionales de Blanquerna-URL

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No es mala noticia que en un caso tan complejo, un conflicto histórico vertebrado por tantas aristas y con animadversiones apasionadas añadidas, ninguna de las partes en litigio se sienta del todo satisfecha. La sentencia inapelable dictada por el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya en el litigio por el control de 35.000 kilómetros cuadrados de mar, aunque pueda ser acusada de salomónica, podría permitir el establecimiento de un nuevo marco de relaciones entre Chile y Perú, beneficioso para ambos vecinos.

Vaso medio lleno o medio vacío, según se mire. Pero 15 de los 16 magistrados han considerado que Perú gane derechos y soberanía desde las 80 millas marítimas, pero definiendo al mismo tiempo la división en su control, en forma igual con Chile. El fallo respeta la postura chilena de una frontera marítima en paralelo desde el denominado Hito Uno, justo en la frontera terrestre actual de Arica y Tacna, pero marca la diferencia en su extensión.

La sentencia mejora las expectativas previas más negativas contempladas desde Santiago, aunque no sean pocas las voces que en estas horas lanzan críticas severas de falta de equidad y justicia. Para Sebastián Piñera, a poco más de un mes de finalizar su mandato, el fallo no parece vaya a suponer un obstáculo para sus intenciones de volver a competir por la presidencia dentro de cuatro años. En Lima, el fallo frena la crecida de euforia nacionalista alentada por el expresidente Alan García, quien había presentado la demanda cuando ejercía su segundo mandato, en el 2008. El presidente Ollanta Humala, por el contrario, ha actuado de forma prudente y sensata hasta ahora, sin alimentar las temidas bajas pasiones.

Altura de miras

Ambos países se han venido enfrentando jurídicamente en los últimos seis años. Pero el conflicto entre ambos países tiene sus orígenes en las guerras que enfrentó Chile, primero contra la denominada Confederación de Perú y Bolivia (1836-1839) y, posteriormente, en la guerra del Pacífico, 40 años después (1879-1883). Los sectores más nacionalistas limeños no han logrado superar aún aquella ocupación chilena de la capital peruana ocurrida entre enero de 1881 y octubre de 1883.

La rivalidad y la desconfianza no van a desaparecer con este fallo. La historia no va a dejar de ser interpretada a gusto de quien la cuente. El historiador peruano Nelson Manrique sostiene que «son dos siglos ahogándonos en retórica. Uno lee la historia de la guerra del Pacífico en Perú, Chile o Bolivia y parecen mundos distintos».

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Las relaciones bilaterales actuales son las mejores de los últimos dos siglos. Coinciden, además, en la integración regional a través de la Alianza del Pacífico, la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac).

El sentido común, la sensatez y la altura de miras de los dirigentes políticos de ambos países les debería permitir explorar un nuevo marco de relaciones que consiga cicatrizar las heridas aún abiertas de un ya muy lejano pasado. Una oportunidad para el acuerdo.