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DESCUBRIMIENTO HISTÓRICO EN ISRAEL

«Voy a Auschwitz. Besos»

Cientos de cartas privadas de Himmler descubren el amor que el nazi profesaba a su esposa y el desprecio de ambos por la «escoria judía»

ANA ALBA
JERUSALÉN

«Me voy a Auschwitz. Besos. Tu Heini». Con esta frase acababa una carta para su mujer, en el verano de 1942, Heinrich Himmlerjefe de las SS de Adolf Hitler y ejecutor de la Solución Final para aniquilar a los judíos. Incluso cuando se desplazaba a los campos de exterminio, Himmler pensaba en su amada esposa, Marga. «En los próximos días estaré en Lublin, Auschwitz y Lvov. Que tengas buen viaje y que te lo pases bien con nuestra hijita. Mis mejores deseos y muchos besos», le decía en otra misiva redactada en julio de 1942.

Estas dos cartas han visto la luz ahora, junto a 700 más, tras permanecer décadas escondidas en casa de un pintor israelí en Tel-Aviv y posteriormente en la caja fuerte de un banco después de pasar a manos de un coleccionista. Junto a los mensajes de amor -algunos incluso erótico- de Himmler a su mujer, hay fotografías y otros documentos personales del alto cargo nazi que publicará el diario alemán 'Die Welt' y de los que ayer ofreció extractos el rotativo israelí 'Yedioth Ahronoth'.

Las cartas, guardadas como oro en paño por el artista Chaim Rosenthal, muestran como Himmler, que fue capaz de asesinar a millones de personas sin inmutarse. Era dulce y tierno con su familia.

Rosenthal era pintor pero además coleccionaba documentos históricos y tenía un interés especial por la segunda guerra mundial. Se cree que probablemente compró las cartas -cuya autenticidad ha certificado el jefe de los archivos federales alemanes, Michael Hollmann- en un mercado de antigüedades de Bruselas.

Otra versión apunta a que los documentos de Himmler, que abarcan el período entre 1927 y mayo de 1945, cuando se suicidó siendo prisionero de los británicos, se encontraron en casa de Karl Wolf, asistente personal del jefe de las SS, que huyó a Italia cuando acabó la guerra y luego se llevó las cartas a América central y las vendió en México a través de un ayudante. Los compradores fueron Rosenthal y un grupo de inversores, que pagaron 40.000 dólares.

Rosenthal se llevó las cartas a Israel en los años 70 y las escondió bajo su colchón. Cuando ya tenía 90 años, su hijo lo convenció para que cediera el material y se publicara y en ek 2007, el comerciante de diamantes David Lapa se las compró por un precio simbólico y se las entregó a su hija, la directora de cine Vanessa Lapa, para que hiciera un documental.

El antisemitismo de Himmler y su esposa queda recogido en las misivas. En una escrita en febrero de 1828, ella habla de «escoria judía». Él le responde: «Mi pobre amor, tienes que tratar con judíos por dinero (…) Un judío siempre es un judío». El 14 de noviembre de 1938, tras la Noche de los Cristales Rotos, Marga escribió:  «¿Cuándo esta chusma judía nos dejará en paz para que podamos vivir felices».