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SEIS DÉCADAS DE LAZOS DIPLOMÁTICOS

Una finca con bases

La cooperación militar cimenta unas relaciones entre España y EEUU carentes de complicidad política. Irak hizo que el vínculo pasase de la fidelidad con Aznar al desencuentro con Zapatero

EL PERIÓDICO
BARCELONA

«Estados Unidos veía a España como una finca donde, en lugar de construir, tenía bases». El historiador Charles Powell retrata en su libro El amigo americano una relación de Washington con Madrid en los cruciales años 70 y 80 del siglo pasado cimentada en el interés económico y militar pero con nulo aliciente político. Poco ha cambiado la percepción que se tienen el uno del otro. EEUU observa a España como un aliado logístico para blindar su sagrada seguridad nacional pero sin brindarle trato preferente, mientras España se esmera por no irritar a un importante socio comercial pero sin rendirle vasallaje. La excepción que confirmó la regla fue José María Aznar.

El resultado de esta dinámica es que el Gobierno autorizó el año pasado el despliegue de 500 marines y ocho aviones de EEUU en la base de Morón y se ha comprometido a incorporar la de Rota al escudo antimisiles de la OTAN, pero, a la vez, hace 13 años que un presidente estadounidense no pisa suelo español. De hecho, las dos instalaciones militares son el principal fruto de seis décadas de relación, sellada por Franco en 1953, cuando Dwight Eisenhower ofreció a la dictadura abrirle las puertas al mundo a cambio del uso de las bases.

Adolfo Suárez suscribió con Jimmy Carter la condena de la invasión soviética de Afganistán y la entrada de España en la OTAN, cuya permanencia vio en peligro Ronald Reagan con la llegada de Felipe González, que decidió reducir la presencia militar norteamericana en España. El alivio llegó con el espaldarazo final, contra el criterio de un sector del PSOE, a seguir en la Alianza Atlántica. La negociación del convenio de defensa concluyó salvando las dos joyas de la corona: Rota y Morón. González preservó su relación con Bush padre al participar en la primera invasión de Irak con buques de guerra y apoyo logístico.

La cordialidad sin alharacas presidió la relación entre Bill Clinton y Aznar. Pero esa «amistad fiel», en palabras del presidente demócrata, mutó en una subordinación incondicional del exlíder del PP con la llegada de George W. Bush. En el 2001, tres meses antes del 11-S, Aznar agasajó a Bush en la finca gubernamental de Quintos de Mora (Toledo), la última foto en España de un inquilino de la Casa Blanca.

«España es uno de nuestros aliados más fiables», proclamó Bush en lo que llamó «el rancho de Aznar». En el suyo, el de Crawford, el expresidente español puso los pies sobre la mesa y habló en tejano. La guerra de Irak provocó que la relación pasase del amor al odio en cosa de un año, el que fue de la foto de la Azores a la retirada de las tropas españolas. A Bush ya le empezó a sonar mal el nombre de José Luis Rodríguez Zapatero entrase en la Moncloa, cuando no se levantó al paso de la bandera de EEUU en un desfile del Doce de Octubre.

Durante cinco años, los contactos entre el presidente estadounidense y el español consistieron en breves saludos en foros internacionales. A Bush, según se supo después, más que el repliegue le molestó la precipitación de la decisión y las dificultades que la ausencia militar española causó en el terreno. Las desavenencias posteriores frustraron, incluso, una venta de material militar a Venezuela en el 2005, pero no impidieron que siguiesen haciendo escala en España vuelos de la CIA que trasladaban a terroristas a cárceles secretas.

Roce por Kosovo

La irrupción de Barack Obama abrió la expectativa de una mejora en las relaciones, pero la decisión no consensuada de retirar las tropas españolas de Kosovo provocó la «decepción» de EEUU. Zapatero limó asperezas primero con el vicepresidente, Joe Biden, y logró la tan anhelada foto en la Casa Blanca, casi al final de su mandato.

Los lazos económicos han estado a salvo de tiranteces, crisis y rescates. A finales del 2011, España era el tercer inversor en EEUU (48.000 millones). En la lista de cuentas pendientes, el reciente escándalo del espionaje, que está siendo investigado por la fiscalía, y una deuda algo más antigua: retirar la tierra contaminada de Palomares.

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