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COMPUESTOS PELIGROSOS

Enemigo neutralizado

El gas mostaza y el sarín pueden ser tratados químicamente o por incineración hasta convertirlos en productos de muy baja toxicidad

EL PERIÓDICO
BARCELONA

El gas mostaza y el sarín, los dos principales compuestos de la llamada guerra química, tienen una toxicidad centenares de veces superior a la del cianuro potásico, pero su extrema peligrosidad puede ser desactivada mediante procesos efectivos y contrastados desde hace décadas. El residuo que llegaría a puerto tras el tratamiento en alta mar, siempre según los planes de EEUU, tendría una toxicidad similar a la de otros muchos productos industriales. Prácticamente nada.

Los dos principales procesos son la neutralización por hidrólisis con alguna sustancia alcalina, por ejemplo añadiendo sosa cáustica, y la incineración a altas temperaturas. «No es que los residuos resultantes sean inocuos por completo, pero tienen una toxicidad similar a la de otros muchos productos industriales», explica Miquel Àngel Pericàs, director del Institut Català d'Investigació Química (ICIQ), en Tarragona.

En el caso del gas sarín, por ejemplo, la neutralización lo convierte en una sal de ácido fosfórico. «Una vez se ha destruido la función química de la molécula responsable de la actividad del gas (un enlace fósforo-flúor), el peligro prácticamente desaparece», prosigue. El gas mostaza también puede desactivarse por oxidación con peroxiácidos.

El director del ICIQ sostiene que el gran problema es que los productos tóxicos que deben ser tratados, al menos buena parte, no se encuentran en bidones con etiquetas, sino en el interior de obuses y otros proyectiles. «Y no es fácil desmontarlos -añade Pericàs-. Acceder a ellos es peligroso y puede ocasionar explosiones. En Estados Unidos existen instalaciones especializadas en las que este proceso se efectúa con robots y los distintos componentes son incinerados separadamente». En el Mediterráneo, por si las moscas, el proceso se realizará en alta mar. EEUU calcula que el proceso de hidrólisis generará 7,7 millones de litros de efluentes.

Sintetizados en 1917 y 1939

El gas mostaza y el sarín, que también pueden presentarse en forma líquida, no son en absoluto productos de nuevo cuño. La iperita o mostaza, que recibe su nombre popular por su peculiar olor, fue sintetizada por los alemanes en 1917 con el objetivo de contaminar al enemigo en la primera guerra mundial. Al contacto con los humanos, causa ampollas y quemaduras, daña gravemente los ojos y puede concluir con una muerte por asfixia.

En cuanto al sarín, una sustancia inodora, se descubrió casi accidentalmente en 1939 cuando un equipo de científicos alemanes investigaba sobre nuevos pesticidas. El sarín llega con rapidez a la sangre porque se inhala con facilidad y también es absorbido por la piel. Como consecuencia, causa dificultades respiratorias, náuseas y una parálisis general del sistema nervioso. Quienes sobreviven sufren a menudo secuelas neurológicas.

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