La historia

Thatcher y Reagan le llamaban «terrorista»

Todo el mundo elogia a Mandela y nadie quiere recordar cómo, desde el campo conservador,

líderes internacionales de primera fila menospreciaban al dirigente y minimizaban el 'apartheid'

CON ISABEL II 3 Londres 1996

CON ISABEL II 3 Londres 1996 / AP / DAVID CHESKIN

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MONTSERRAT RADIGALES
BARCELONA

El mundo entero llora la muerte de Nelson Mandela y se deshace en elogios hacia su figura. Pero pocos quieren recordar los tiempos en que, desde el campo conservador, líderes internacionales de primera fila tildaban de «terrorista» a Mandela y al Congreso Nacional Africano (CNA), al tiempo que minimizaban los crímenes del apartheid.

La frase más sonada la pronunció la premier británica, Margaret Thatcher, en una fecha tan tardía como octubre de 1987, dos años y cuatro meses antes de la liberación del que iba a convertirse en el primer presidente negro de Sudáfrica: «El CNA es una organización terrorista típica. Cualquiera que crea que gobernará en Sudáfrica vive en cloud-cuckoo land» (expresión referida a estar fuera del mundo real, que puede traducirse por «estar en Babia»). A mediados de los 80, el diputado conservador británico Teddy Taylor afirmó que «Mandela debería ser fusilado».

El aliado más estrecho de Thatcher, el presidente estadounidense, Ronald Reagan, colocó a Mandela y al CNA en la lista de personas y organizaciones terroristas a vigilar. Reagan también se refirió, en 1986, al «terror calculado de ciertos elementos del CNA».

Thatcher y Reagan consideraban a la Sudáfrica del apartheid un aliado estratégico en la lucha contra el comunismo e hicieron todo lo posible por proteger a Pretoria de las sanciones internacionales. En 1986, tras meses de filibusterismo por parte de varios congresistas estadounidenses para impedir la aprobación de una ley antiapartheid, Reagan acabó vetándola. Thatcher se opuso también a las sanciones, que consideraba «inmorales», aunque en 1985, en una cumbre de la Commonwealth, aceptó la imposición de sanciones muy limitadas para evitar la ruptura de la organización.

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Nada de eso pasó desapercibido a Mandela. Cuando en 1990, recién liberado de la cárcel, Mandela visitó Londres, históricamente la capital mundial del movimiento antiapartheid, se negó a entrevistarse con Thatcher. «¿Durante cuánto tiempo más permitirá la primera ministra ser abofeteada por este terrorista negro?», fue la reacción del diputado tory Terry Dicks.

Posiblemente por desidia, EEUU no retiró a Mandela y el CNA de la lista de organizaciones terroristas hasta julio del 2008.