La guerra oscura contra el terrorismo

Las oenegés documentan la muerte de civiles por los 'drones' de Obama

El informe considera que los asesinatos indiscriminados alimentan el odio contra EEUU

Amnistía Internacional y Human Rights Watch piden levantar el secretismo de las operaciones

El dramade la abuela Mamana3 Mamana Bibi estaba recolectando hortalizas en campos de la familia, en octubre del 2012, cuando un drone de EEUU acabó con su vida en el pueblo paquistaní de Ghundi Kala. Mamana, de 68 años, esposa de un director de escuela retirado y abuela de 5 nietos, no presentaba ninguna amenaza, como indicaba el parte oficial. «El caso de la abuela nos impactó», dice el informe de Amnistía, que entrevistó a 60 testigos. En la imagen, una nieta de Mamana y, al lado, su familia. Arriba, el lugar del ataque.

El dramade la abuela Mamana3 Mamana Bibi estaba recolectando hortalizas en campos de la familia, en octubre del 2012, cuando un drone de EEUU acabó con su vida en el pueblo paquistaní de Ghundi Kala. Mamana, de 68 años, esposa de un director de escuela retirado y abuela de 5 nietos, no presentaba ninguna amenaza, como indicaba el parte oficial. «El caso de la abuela nos impactó», dice el informe de Amnistía, que entrevistó a 60 testigos. En la imagen, una nieta de Mamana y, al lado, su familia. Arriba, el lugar del ataque. / AMNISTIA INTERNACIONAL

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RICARDO MIR DE FRANCIA
WASHINGTON

El argumento de la Casa Blanca es que los ataques con aviones no pilotados se ajustan a criterios estrictos, son más precisos que los de la aviación convencional y casi nunca matan a civiles. Pero no es ese el dibujo que hacen las organizaciones humanitarias. Amnistía Internacional y Human Rights Watch (HRW) acusaron ayer a Estados Unidos de violar las leyes internacionales y matar a docenas de civiles inocentes en sus ataques con drones en Yemen y Pakistán. Ambas organizaciones reclamaron a la Administración Obama que levante el secretismo que rodea a estas operaciones, investigue sus consecuencias y compense a las familias de las víctimas civiles.

Esos ataques, dirigidos contra supuestos militantes de Al Qaeda o de los talibanes en el caso de Pakistán, suelen producirse en áreas remotas de difícil acceso y escasa presencia gubernamental. Lugares como Zowi Sidgi, un aldea paquistaní de la provincia tribal de Waziristan del Norte, donde el pasado verano murieron, según Amnistía, 18 civiles, incluido un adolescente de 14 años. La mayoría eran trabajadores que, al acabar la jornada, se reunieron para descansar y comentar el día bajo una tienda beduina. Cuatro drones llevaban un rato sobrevolando la zona, cuando comenzaron a disparar salvas de misiles.

«Vimos una escena horrible. Había trozos de cuerpos por todas partes», le dijo un testigo a Amnistía. Los vecinos que acudieron más tarde a rescatar a las victimas fueron también bombardeados. Seis de ellos murieron casi al instante.

«Al negarse a reconocer o asumir la responsabilidad por estas muertes, el Gobierno de EEUU se comporta como esos conductores que se dan a la fuga tras atropellar a alguien», asegura Naureen Shah desde Amnistía Internacional. Su organización ha investigado 9 de los 45 ataques ocurridos en Pakistán entre mayo del 2012 y junio del 2013, saldados con la muerte de 29 personas a las que define como no combatientes. Una de ellas era una mujer de 68 años que fue abatida por un misil mientras trabajaba en el campo cerca de tres de sus nietas.

«EEUU debería explicar a quién está matando y por qué los está matando. Sospechamos que su definición de combatiente es elástica y se está estirando más de lo que permite la ley internacional», dijo ayer Letta Tayler, investigadora de Human Rights Watch. La CIA lleva utilizando drones desde el 2004, pero la Casa Blanca no lo reconoció hasta el 2010, después de que el presidente Obama los convirtiera en uno de los pilares de su doctrina y multiplicara su uso, aprobando el mismo muchos de los asesinatos.

BOMBAS PROHIBIDAS / En mayo Obama aseguró que los drones solo se utilizarán contra quienes representan «una amenaza continua e inminente» contra EEUU, cuando sea demasiado complicado capturarlos, y cuando exista una «casi total certidumbre» de que no habrá víctimas civiles. Pero su Administración no ha hecho público los argumentos legales que respaldan esos ataques y raramente admite que se hayan producido. Según HRW, de los 80 «asesinatos selectivos» que EEUU ha efectuado en Yemen desde el 2009, solo ha reconocido dos, en los que murieron ciudadanos estadounidenses.

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«Es como si los cientos de yemenís asesinados no hubieran existido», dijo ayer Taylor. En los seis incidentes investigados por su su organización murieron 57 civiles. El episodio más sangriento se produjo en la provincia sureña de Abyan, aparentemente motivado por un error en la inteligencia proporcionada por el Gobierno yemení. En el ataque con misiles Tomahawk y bombas prohibidas de racimo murieron 14 supuestos militantes de Al Qaeda, pero también 41 civiles de un campamento beduino, incluidas nueve mujeres y 21 niños.

En su informe, HRW considera que los asesinatos con drones tienden a ser contraproducentes porque alimentan el odio antiestadounidense y ayudan a Al Qaeda a reclutar nuevos combatientes.