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La marca Al Shabab

La milicia radical somalí exige la yihad contra los Gobiernos herejes

BEATRIZ MESA / Rabat

Como cualquier grupo terrorista de corte islamista, los muyahidines de Somalia centran su poder en las armas, el número de integrantes y el islam como ideología política para mantener activo el reclutamiento de jóvenes carentes de identidad y oprimidos por un sentimiento de desahucio y abandono.

Desde su creación en el 2006, el grupo Al Shabab (joven, en árabe), inspirándose en la organización de Al Qaeda, ha visto en Somalia un país sin Estado, fallido y, por tanto, fértil para asentar una sólida estructura hasta convertirla en un Ejército temible para los países vecinos del Cuerno de África y Occidente. En menos de siete años, la organización criminal ha conseguido reagrupar a más de 7.000 fanáticos apoyados en la retórica de la violencia y revolucionaria para exigir a los musulmanes emprender la yihad contra los herejes o infieles, en alusión a los gobiernos de países de profesión islámica que no han impuesto un régimen similar al talibán en Afganistán.

De hecho, con la retirada de EEUU en 1993 -tras el fracaso de la misión Restore Hope cuyo objetivo era garantizar la seguridad en la distribución de la ayuda humanitaria- Somalia se ha ido transformando en otro santuario de la franquicia del difunto Bin Laden para llevar a cabo los entrenamientos de los radicales y diseñar operaciones terroristas de envergadura. Tanto el centro como el sur del país han caído bajo el poder de estos combatientes yihadistas que buscan sembrar el terror dentro y fuera de casa, matando sin piedad o llevando a cabo operaciones de secuestros de occidentales para financiar su organización.

La desestabilidad de Kenia es objetivo prioritario para estos criminales por su participación en tierra somalí en operaciones bélicas contra los integristas. Siguiendo la ley del talión (ojo por ojo y diente por diente), el grupo radical islámico realizó el sábado una nueva demostración de fuerza contra el país vecino atacando, a sangre y fuego, el centro comercial Westgate de Nairobi. Con este ataque se quiere lanzar un aviso a navegantes sobre la pujante capacidad de actuación de Al Shabab liderada por el sanguinario Abu Zubeyur, alias Ahmed Godane, con quien Al Qaeda selló la «beya» (acto de lealtad) en el 2012. Este pacto con la casa madre del grupo terrorista empieza a conectar en el mismo sendero a negros y árabes kamikazes a los que solo les une el islam.