25 sep 2020

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Distensión en el Lejano Oriente

Historia de dos países

Las relaciones entre Taiwán y China han experimentado un auge desde la llegada al poder, en el 2008, del actual presidente taiwanés

Taipei dice ejercer un 'poder blando' sobre su vecino

MONTSERRAT RADIGALES
TAIPEI

Las autoridades de Taipei lo tienen claro. «El negocio es el negocio y la política es la política», afirma Lin Chu-Chia, viceministro taiwanés para las relaciones con China. El negocio está en pleno apogeo y la política navega por las siempre inciertas aguas del estrecho de Taiwán que, desde el 2008, están más calmadas que nunca.

La relación entre Taiwán (cuyo nombre oficial es República de China) y la China continental es compleja e intensa. Con el triunfo de los comunistas de Mao en la guerra civil de 1949, el derrotado Gobierno nacionalista de Chiang Kai-shek huyó a Taiwán. Aunque desde 1950 la isla es a todos los efectos prácticos un país independiente, China sigue considerando a Taiwán parte de su territorio. Sin embargo, tanto Pekín como Taipei se han acomodado al statu quo. Taiwán se abstiene de la más mínima veleidad de proclamar la independencia porque sabe que China lo consideraría una provocación intolerable. «Hasta 1992 vivíamos en un estado de negación mutua de la soberanía. En 1992 se pasó a la negación mutua de la autoridad para gobernar», explica el viceministro Lin. O sea, ambas partes aceptan una soberanía única pero discrepan en quién la representa legítimamente.

Nada de esto ha impedido que la relación haya prosperado. Se intensificó a partir del 2008, cuando el actual presidente, Ma Ying-Jeou, firme partidario de la cooperación con China, llegó al poder.

China es el principal socio comercial de Taiwán (el destinatario del 40% de las exportaciones taiwanesas y el origen del 60% de las importaciones). En los últimos cinco años, los dos países han firmado 18 acuerdos distintos. El más importante es el que permitió (desde el 2008) vuelos directos entre la isla y la China continental, sin tener que pasar, como antes, por Hong Kong o Macao. Nada menos que 616 vuelos semanales conectan Taipei con diferentes ciudades de China.

El resultado ha sido un crecimiento espectacular de los contactos. Solo el pasado año, 2,5 millones de turistas chinos visitaron la isla, lo que multiplica por más de 10 los 200.000 visitantes del 2007. Pero pese a la enorme inferioridad geográfica y demográfica de Taiwán respecto al gigante asiático -tiene 23,2 millones de habitantes, frente a los 1.350 millones de China, el país más poblado del mundo- el flujo se duplica a la inversa: 5,2 millones de taiwaneses viajaron a China.

Lin asegura que la inmensa disparidad en tamaño y población no priva a Taiwán de ejercer cierta influencia sobre China en términos de «poder blando». «Cuando los chinos del continente nos visitan, a las nueve de la noche se vuelven corriendo a sus hoteles para mirar los debates y otros programas en la televisión. Están muy interesados en ver cómo funciona nuestro sistema democrático», subraya. «Mientras no se use el poder militar, no estoy muy seguro de quién influye más sobre el otro», añade el viceministro.

Aislamiento diplomático

Puede que Taiwán ejerza el poder blando, pero el poder real de Pekín es indiscutible. Aunque como República de China fue socio fundador de la ONU, Taiwán perdió el escaño en 1971 a beneficio de Pekín y todos los intentos posteriores de recuperar la representación en el foro mundial han fracasado.

China no permite que terceros países mantengan a la vez relaciones diplomáticas con Pekín y con Taipei. Muy pocos se atreven a afrentar a la gran potencia asiática y solo 23 estados -la mayoría latinoamericanos o africanos y algunos del Pacífico (el único europeo es el Vaticano)- reconocen a Taiwán y han intercambiado embajadores. Este aislamiento diplomático no ha impedido el milagro económico taiwanés y el establecimiento, a falta de embajadas, de oficinas comerciales en medio mundo.