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La protesta artística

Cantando contra Maggie

Durante el gobierno de Thatcher decenas de músicos denunciaron su cruel política de privatizaciones,

recortes sociales y hazañas bélicas

NANDO CRUZ
BARCELONA

Minutos después de conocer la muerte de Margaret Thatcher las redes sociales ya hervían con propuestas de canciones para celebrar la noticia. Y por la tarde, en el barrio londinense de Brixton se improvisaba una fiesta con un equipo de sonido instalado sobre una bicicleta. Eran reacciones instintivas de una población que siempre vio la música como un aliado en los días más crueles del thatcherismo. Un alivio puntual ante la actual oleada de neothatcherismo. Un mecanismo de profilaxis ante el previsible alud de artículos laudatorios y eufemísticos sobre su legado.

El antithatcherismo fue prácticamente un subgénero musical. Ubicado en la Inglaterra de los años 80, no se adscribió a un único estilo, como prueban la infinidad de artículos (¡y listas de Spotify!) que en los últimos años habían seleccionado títulos de Billy Bragg, Morrissey, Elvis Costello, Crass, Fine Young Cannibals, Sinead O'Connor, Hefner y The Exploited. Thatcher estuvo en el punto de mira de todo tipo de bandas. Hasta venerables instituciones de la realeza pop como The Kinks, Elton John y Pink Floyd cargarían contra ella.

Los primeros retratos

Antes de instalarse en Downing Street, Thatcher ya recibió algunos retratos musicales. El poeta jamaicano Linton Kwesi Johnson, instalado en Brixton, denunció en It dread inna Ingland su talante racista. Y el grupo punk The Not Sensibles le dedicó (I'm in love with) Margaret Thatcher, una gamberrada que allanaría el camino a otros contrahimnos punk como Let's start a war... (said Maggie one day) y Maggie (you cunt) de The Exploited.

La banda anarquista Crass presentaría una oposición más frontal y activa. No solo le dedicó How does it feel (to be the mother of a thousand dead)? sino que manipuló unas grabaciones de Thatcher y Reagan y simuló una conversación telefónica entre ambos sobre la posibilidad de bombardear Europa para intimidar al bloque soviético. La envió a la prensa y esta creyó que era real.

Pronto el antithatcherismo trascendió el ámbito punk. En 1983, Pink Floyd incluyó en The final cut la canción The Fletcher Memorial home. En ella Roger Waters proponía recluir a reyes y tiranos en una institución donde les aplicarían la solución final. La letra señala, entre otros, a Thatcher. En 1989 The Kinks la definieron en Dear Margaret como «modelo de avaricia destructiva» y Elvis Costello le asestó la muy envenenada Tramp the dirt down.

Durante años se han multiplicado las canciones que soñaban con la muerte de Thatcher. Morrissey debutó al margen de The Smiths con la explícita Margaret on the guillotine. Kitchens of Distinction fue aún más lejos en Margaret's injection: fantaseó con aplicarle una inyección letal. Hefner y Mogwai cantarían sobre la esperada fecha en The day that Thatcher dies y George Square Thatcher death party.

También las estrellas pop

Sorprende descubrir la cantidad de canciones que cargaron contra Maggie sin sutilezas: señalándola con nombre y apellido. Y sorprende aún más que algunas procediesen de artistas de gran éxito comercial. No eran solo de cantautores como Frank Turner, Robb Johnson y el socialista Billy Bragg (el más beligerante y certero a la hora de dar voz y esperanza a la clase obrera) sino de superventas como Sinead O'Connor que, en Black boys on mopeds, criticó la brutal presión policial y la nula sensibilidad de Thatcher hacia los inmigrantes.

Precisamente bandas multirraciales como The Specials y The Beat fueron las más rápidas en denunciar sus políticas antisociales. ¡Y sin temor a la censura! Si Bragg atacó a Thatcher en el programa Top of the Pops, The Beat pasearía su Stand down

Margaret por magacines televisivos de tarde. Algunas letras, traducidas hoy, podrían parecer escritas por grupos antisistema, pero entonces las defendían artistas en lo alto de las listas de ventas: UB40, The Blow Monkeys, Fine Young Cannibals... Con el tiempo, hasta sir Elton John aderezaría el musical Billy Elliott con la cínica Merry Christmas Maggie Thatcher.

Muchísimas canciones más denunciaron su política de privatizaciones y recortes sociales, su crueldad con la clase trabajadora y su determinación para llevar al país a la guerra de las Malvinas. Algunas brillan entre lo mejor del pop de los 80 y cumplen un rol documental como crónicas de aquella Inglaterra. Lo cual obliga a preguntarse qué cancionero podrá presentar España sobre el felipismo, el pujolismo, el aznarismo...

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