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Elecciones en Italia

Lombardía no es un oasis

La corrupción mina la credibilidad de los políticos en la región más rica de Italia

Los candidatos multiplican sus visitas a Milán, clave para la gobernabilidad

Albert Guasch

«¡Ríndanse, están rodeados!», bramó el gran showman del Movimiento 5 Estrellas Beppe Grillo. Se dirigía a los partidos políticos. «¡No usaremos la violencia!», prosiguió entre las risas de los presentes, que el martes llenaban a rebosar la plaza del Duomo de Milán. También se llenó el domingo para el mitin bastante más sobrio y ortodoxo de Pier Luigi Bersani, el candidato de centroizquierda del PD. El mismo martes Bersani se dio precipitadamente la mano con Silvio Berlusconi en un pasillo del Corriere della Sera, en Milán. A la capital lombarda volverá hoy también Mario Monti para divulgar su mensaje europeísta. Parece a ratos como si solo los lombardos tuvieran el derecho a elegir el domingo y el lunes al nuevo primer ministro de Italia.

Obviamente, no es así. Lombardía y Sicilia concentran la atención de la campaña electoral italiana. Pero sobre todo la rica región del norte. Y es así por culpa de la alambicada manera de los italianos de elegir diputados y senadores. Puede que sean los mejores del mundo en el diseño industrial, pero en cuanto al diseño electoral hay argumentos de sobras para cuestionar su creatividad.

La parte fácil: el partido más votado en todo el país colocará a su líder como primer ministro y obtendrá la mayoría en la Cámara de Diputados. Lo complejo radica en el Senado. Dejémoslo en que una mayoría que proporcione estabilidad gubernamental va a ser más difícil de ver que a Berlusconi acompañado de una señora madura.

CLIMA EXTRAÑO / Lombardía celebra, además, elecciones regionales. Y lo hace en un clima un poco raro. Desde hace unas semanas los casos de corrupción de toda índole han ido encharcando la región, la más poblada y la que más contribuye a la riqueza de Italia. Afectados se han visto el partido de Berlusconi (PDL), la influyente Liga Norte y, sin comerlo ni beberlo, también el PD de Bersani. Cómo se traducirá todo ello en las urnas es materia de infinidad de debates vehementes y en televisiones, diarios y bares.

«Hay un hartazgo incontestable», explica Danilo Taino, columnista del Corriere della Sera. «Puede que lleve a muchos de los electores que están aún indecisos a quedarse en casa y no votar. O puede que muchos se inclinen por el movimiento de Beppe Grillo. Yo creo que será la gran sorpresa, pero ahora mismo no se puede predecir nada», añade.

El columnista discrepa de la idea de que Lombardía viviera hasta ahora en un oasis. El fango ya existía. «La corrupción en el sistema político está repartido por todo el país. Desgraciadamente, estamos ya muy acostumbrados a los escándalos». Quizá por ello, por este mal metabolizado, los líderes de las campañas actúan con la destructiva normalidad de dar estopa al oponente.

Ahí está el aspirante a gobernar Lombardía por la Liga Norte, el exclamativo Roberto Maroni, aliado con reticencias de Berlusconi. «Somos la región más importante de Italia y uno de los cuatro o cinco motores de Europa. No podemos dejar Lombardía en manos de la izquierda», vociferó en un mitin. Por izquierda quiere decir Umberto Ambrosoli, hijo de un juez asesinado por la mafia.

La perversión del destino ha querido que Ambrosoli adquiera notoriedad justo cuando se están encontrando bajo las ricas baldosas lombardas raíces profundas de las mafias surgidas del sur.

'RAVE' CONTRA FORMIGONI / Esta izquierda tuvo el martes una inspiración humorística: organizar una rave frente a la bolsa milanesa, símbolo de tantos males. Bailaban los esperanzados con un cambio después de tanto tiempo con un presidente conservador, Roberto Formigoni, que no pagó nada durante 15 años. Ni una aspirina. Varias vacaciones de lujo, según consta en un sumario, fueron a cargo de empresas con negocios con la administración. Milán, capital oficiosa del país, sede de bolsa, bancos y grandes empresas, recibirá candidatos con promesas imposibles hasta el último día. Pero parece difícil que la aritmética permita luego bailes alegres.

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