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Internacional

Ser o no ser Europa

La UE caminará hacia una mayor integración pero el parto será doloroso

Marta López

Las cuentas no cuadran pese a todos los algoritmos realizados y la tensión social no remite. El esperado crecimiento no se avista aún en el horizonte y entre nuevos tijeretazos y protestas, Europa encara otro año complicado y decisivo. Además de seguir adoptando medidas dolorosas para el común de los mortales, los gobiernos deberán luchar a la vez por su supervivencia -ante una ciudadanía cada vez más empobrecida y crispada- y por ese proyecto común que es Europa. La nave zozobra ante la tormenta que no cesa y se ha de fijar el nuevo rumbo para salir a flote definitivamente. Ya no hay más tiempo. Ahora o nunca.

Tras haber atravesado por sus momentos más difíciles en el 2012, el euro parece haber conjurado el peligro de implosión, pero su salud es muy frágil. La moneda única necesita un armazón más fuerte para sobrevivir y es aquí donde deberán embarcarse los Veintisiete: en crear unas estructuras de una verdadera unión económica y política. Europa será así o no será. Y no habrá parto sin dolor.

La unión bancaria es el primer paso hacia esa mayor integración. El primer pilar ya está puesto, el supervisor financiero, pero queda mucho trecho por recorrer y los progresos serán lentos porque implican una cesión de soberanía a la que los estados suelen ser refractarios. Empezando por el Reino Unido, cuyo Gobierno conservador encabezado por David Cameron coquetea ya abiertamente con abandonar el barco. «Todas las opciones sobre el futuro son imaginables», ha dicho el dirigente en un momento en que el 70% de los británicos piden un referendo sobre Europa Y es posible que en una Europa más fuerte, el Reino Unido no tenga ya cabida. Ni a su manera.

La crisis del euro ha agrandado la brecha que tradicionalmente separa a los británicos del resto de Europa pero no solo eso. Las heridas también son también norte-sur y están lejos de cicatrizar.

Las elecciones alemanas

Los países del sur, los que más sufren el diktat de las políticas que establece Berlín, miran con cierta esperanza las elecciones del próximo otoño en Alemania. Los vientos siguen soplando favorables a Angela Merkel pero quizá tenga que abrirse a una coalición con el Partido Socialdemócrata que module su apuesta por el rigor presupuestario. Está claro que en su rígida defensa de la austeridad, Merkel va a estar cada vez más aislada.

François Hollande, el hombre en el que la izquierda europea confió para cambiar el rumbo e impulsar políticas de crecimiento, muy poco ha hecho en los siete meses que lleva en la presidencia de Francia. Pero sigue empeñado en esa misión y será importante ver con qué aliados puede contar. Las elecciones de resultado incierto que celebrará Italia el 24 de febrero serán muy importantes para determinar si finalmente un eje París-Roma-Madrid frena a Berlín.

Con todos estos frentes abiertos, Europa se juega mucho en este 2013. También el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que el próximo 20 de enero estrena segundo mandato, tradicionalmente el que el que los dirigentes estadounidenses se libran de todas las ataduras y obran pensando en su legado, en su huella en la historia. Pero su misión no va resultarle nada fácil, vista la polarización en la que se ha instalado Estados Unidos y la política de acoso y derribo que practican los republicanos que dominan el Congreso. Los conservadores seguirán haciendo la vida imposible al presidente demócrata, como lo han demostrado en las negociaciones para evitar el abismo fiscal, dejando hasta última hora que el país asomase a una nueva recesión de consecuencias desastrosas para el mundo entero.

En el plano interno, Obama deberá ponerse a trabajar en las reformas pendientes: la migratoria y energética. Pero la agenda en política exterior se le presenta complicada con dos grandes temas sobre la mesa: Irán y Siria. Posiblemente, Obama tratará de evitar a toda costa un ataque israelí a las instalaciones nucleares iranís que arrastraría a Estados Unidos a un conflicto de consecuencias impredecibles. Aunque de forma más inmediata deberá decidir qué hacer en Siria. Cómo y cuándo se va a poner fin al derramamiento de sangre.

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