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El conflicto de Oriente Próximo

Mursi, pieza clave en la paz

El presidente egipcio recibe elogios de Israel y los palestinos por su papel en la crisis

Kim Amor

El presidente de Egipto, Mohamed Mursi, ha salido reforzado a nivel internacional después de ser uno de los principales artífices del acuerdo que ha permitido desactivar la crisis bélica entre Israel y los grupos islamistas de Gaza. Desde que estalló el conflicto, las miradas se han centrado en este político que hasta hace muy poco era un desconocido, no solo en el exterior, sino también dentro de su propio país. Antes de ser designado candidato a la presidencia por los Hermanos Musulmanes, Mursi era un dirigente más de la Hermandad.

Egipto es y ha sido históricamente un país clave en la región, independientemente de quien estuviera el frente. Y Mursi no ha querido ser una excepción. Desde que en junio asumió la presidencia ha cuidado la política exterior, viajando a países no solo de Oriente Próximo sino también del resto del mundo, como China o la capital de la UE, Bruselas, además de Nueva York, a la sede de la ONU. Su apuesta por el diálogo quedó clara también con el viaje a Irán, país con el que Egipto no mantiene relaciones diplomáticas.

El recelo que generó en Israel la llegada de un islamista al poder en Egipto y en aquellos que apoyan incondicionalmente al Estado hebreo se ha desvanecido ahora, al menos eso parece. El propio presidente israelí, Shimon Peres, calificó ayer de «agradable sorpresa» el papel desempeñado por Mursi para detener la violencia, y eso que en pleno bombardeo de Gaza, Mursi envió a la franja a su primer ministro. Los elogios no solo han venido de Israel o de Estados Unidos, también de las propias filas palestinas.

Pero ahora empieza lo más difícil para Mursi: marcar claras deferencias con su antecesor, Hosni Mubarak, siempre complaciente con los israelís. La población egipcia, hostil al Estado hebreo, espera que su presidente plante cara al Gobierno israelí y a su política de hechos consumados que se ha traducido en ir ampliando impunemente la ocupación de Cisjordania. Ayer mismo, el líder de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Badí, calificó de «gran engaño» el acuerdo con Israel y dijo que hay que seguir la lucha para liberar los territorios palestinos.

En política interna, la crisis de Gaza ha pasado factura a Mursi. Se le acusa de haber prestado más atención al exterior que a los problemas internos del país, inmerso en una compleja transición política. Estos días se han registrado choques en El Cairo, con un muerto, y han abandonado la Asamblea Constituyente los representantes de los cristianos y del sector laico. En una medida polémica, Mursi blindó ayer sus poderes ejecutivos y legislativos, al ordenar que todas sus decisiones sean definitivas e inapelables ante la justicia hasta la entrada en vigor de la nueva Constitución, informa EFE.

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