29 feb 2020

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Hermetismo en el gigante asiático

Como la esposa de Mao

El caso de Gu Kailai devuelve a la memoria colectiva china el juicio a la Banda de los Cuatro

ADRIÁN FONCILLAS
PEKÍN

El caso de Gu Kailai devuelve a la memoria colectiva china a Jiang Qing, la última esposa de Mao. No se recuerda un juicio con mayor relevancia política desde el procesamiento en 1980 a la Banda de los Cuatro, liderada por Jiang, por los desmanes de la Revolución Cultural (1966-1976). El protagonismo de una mujer añade paralelismos.

Aquella década es aún recordada en China como una época de desastres que llevó al país al borde del desquiciamiento. Su objetivo oficial fue reverdecer las esencias revolucionarias. En realidad, Mao necesitaba purgar a los rivales políticos que le criticaban su anterior campaña del Gran Salto Adelante, que provocó decenas de millones de muerte por hambre. Los guardias rojos, adolescentes en muchos casos, sembraron impunemente el terror. Millones de chinos fueron castigados, enviados a campos de reeducación o desplazados a zonas rurales. La muerte de Mao en 1976 desató una guerra entre reformistas y tradicionalistas de la que emergió ganador Deng Xiaoping, el arquitecto de la China actual. Cuando la Banda de los Cuatro (Zhang Chunqiao, Yao Wenyuan y Wang Hongwen, además de Jiang) fue detenida, la gente salió a la calle a celebrarlo. El juicio se celebró en 1980 y Deng ordenó que se televisara para que el país comprendiera que no había marcha atrás.

Los chinos vieron a una Jiang desafiante, testaruda y orgullosa, en las antípodas de la tradición confuciana. Gu Kailai, parecidamente brillante, ha mantenido una actitud pacífica y colaboradora, según fuentes del tribunal. Los cuatro fueron acusados de delitos contrarrevolucionarios, de usurpar el poder y el liderazgo del partido, así como de la persecución de 750.000 personas y la muerte de 34.375. Wang y Yao fueron sentenciados a 20 años de cárcel tras admitir sus delitos, mientras Jiang y Zhang fueron condenados a muerte por negarlos, aunque la pena fue conmutada luego a cadena perpetua. En el juicio pronunció su famosa frase: «Yo sólo era el perro de Mao, mordía a quien Mao me decía». En 1991, a sus 77 años, se suicidó ahorcándose en el hospital.

La historia oficial china responsabiliza de la Revolución Cultural a la Banda de los Cuatro y exonera a Mao, a quien se le habrían ocultado los sufrimientos del pueblo.