11 ago 2020

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INVESTIGACIÓN DE UNA CATÁSTROFE AÉREA

Los pilotos del vuelo Río-París pudieron evitar la catástrofe

Confirmado el fallo de las sondas como origen del accidente del avión de Air France en el que fallecieron 228 personas

ELIANNE ROS / París

Tres años después de la catástrofe aérea del vuelo Río-París, en la que fallecieron 228 personas, el informe definitivo de la Oficina de Investigación y Análisis (BEA) confirma que el fallo de las sondas de velocidad desencadenó una serie de anomalías, entre las que señala por primera vez de forma explícita el error humano. Es decir, los pilotos pudieron evitar la caída del Airbus 330, que se estrelló contra el océano en plena noche causando el mayor accidente de la historia de Air France. En las conclusiones, los expertos juzgan inapropiado el entrenamiento de la tripulación de la compañía.

Según el informe, presentado esta tarde en el aeropuerto de Le Bourget, en las afueras de París, los problemas técnicos ocasionados por la presencia de hielo en los orificios de las sondas, situadas en la parte delantera del avión, fueron seguidos de una serie de "acciones inapropiadas" de los pilotos, "sometidos a un fuerte estrés". "La tripulación estaba en un estado de pérdida casi total del control de la situación", ha declarado el director de la investigación, Alain Bouillard.

Las 41 recomendaciones de seguridad del BEA, de las cuales 25 son nuevas respecto del informe emitido en julio del 2011, apuntan tanto a  Air France como al constructor. E insiste especialmente en la importancia de ·"la formación y el entrenamiento de los pilotos" para que estos tengan "un mayor conocimiento de los sistemas del avión en caso de producirse una situación inhabitual".

Si finalmente se ha podido saber lo ocurrido la noche del 1 de junio del 2009 en la cabina de mando del vuelo AF447 Río-París ha sido gracias al descubrimiento de las cajas negras, halladas más de un año después a casi 3.000 metros de profundidad. El avión atravesaba una zona de turbulencias cuando empezaron a fallar las sondas, encargadas de controlar la velocidad que debe llevar el aparato para mantenerse suspendido en el aire. Ante las múltiples señales de alarma de los aparatos electrónicos, los dos copilotos --el comandante estaba descansando-- no supieron interpretar la situación. Se produjeron momentos de caos. Intentaron hacer remontar el avión cuando debían hacer lo contrario para reequilibrarlo. Cayó al agua a 200 km/hora. El choque provocó la desintegración del aparato. No hubo supervivientes.

El accidente puso de relieve que la compañía no había cambiado los medidores de velocidad --conocidos como sondas Pitot-- pese a la recomendación del constructor tras haberse detectado problemas en los fabricados por la empresa Thales. Un aparato idéntico de la compañía Air Caribean había sufrido un incidente similar, superado gracias a la pericia del experimentado piloto. Las familias de las víctimas esperaban conocer el informe para proseguir las acciones --la instrucción sigue abierta-- cara a un juicio que aún no tiene fecha. Tanto Airbus como Air France fueron procesados en febrero del 2011 por homicidio involuntario.