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Análisis

La derecha, tras Sarkozy

Carlos Carnicero Urabayen

Nada empaña la victoria del presidente François Hollande, pero la diferencia con Nicolas Sarkozy solo ha sido de 3,24 puntos. Pero será difícil sacar ventaja de la derrota más pequeña.

Marine Le Pen tiene el viento a favor: lanzó su candidatura a las legislativas de junio sin esperar el final de las presidenciales. Reivindicó «el centro de gravedad» y la hegemonía de la derecha. Su discurso ya no es abiertamente racista y xenófobo. Ha logrado convertirse en referencia contra una Unión Europea que genera un creciente rechazo entre muchos jóvenes.

La UMP no tiene liderazgo para frenar al Frente Nacional. El partido de Sarkozy no conoce el frío fuera del poder. Abducido por su líder carismático, se encuentra sin rumbo claro tras la derrota electoral. La deriva populista de Sarkozy ha dejado a su partido desdibujado frente al nuevo reto electoral del pasado domingo. Nunca es mejor la copia populista que el original.

Sarkozy no ha desvelado si está entre sus planes abandonar la política. Pero no ejercerá de cartel de su partido en los próximos comicios legislativos. ¿Puede el centroderecha celebrar unas elecciones trascendentales sin liderazgo que no sean el primer episodio de una lucha interna de poder? La responsabilidad de la UMP es con sus electores, pero también con su país y con Europa. La desafección hacia una UE dirigida sin disimulos desde Berlín es caldo de cultivo para la ultraderecha como alternativa a un centro derrotado. Francia no es Grecia, pero los resultados electorales de estas elecciones coincidentes solo son semejantes en la eclosión de la extrema derecha en Grecia y el mejor resultado electoral de Marine Le Pen. Quizá el último servicio que puede rendir Sarkozy a la Quinta República sea frenar a la extrema derecha. Pero de momento el expresidente no estará en el escenario y no sabemos si dirigirá la batalla de las legislativas desde las bambalinas.

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