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Análisis

¿Quién vota al Frente Nacional?

Salvador Martí Puig

Al final, la sorpresa de la primera vuelta de las elecciones francesas no la dio Mélenchon, el candidato del Frente de Izquierda, que con un 11,1% del sufragio quedó bastante por debajo de lo que vaticinaban las encuestas. Tampoco sorprendió a nadie que Sarkozy quedara a un punto y medio de su adversario socialista, ni que los candidatos del centro y la ecología pincharan. La sorpresa la dio Mariane Le Pen, que con casi el 18% del voto superó todas las expectativas e, incluso, el resultado de su progenitor en el 2002.

Ante ello surge la pregunta de quién vota al Frente Nacional. Para saberlo debemos recurrir a diversos análisis que desde hace años publica el Centro Nacional de Investigación Científica y que muestran datos sobre el perfil sociodemográfico, la localización geográfica y los valores de quienes votan al FN. El perfil es bastante claro: se trata de un electorado mayoritariamente joven y varón, con muy poca formación académica, que padece desempleo o subempleo y que es víctima de una precariedad crónica. La localización geográfica del voto lepenista se concentra en cuatro espacios muy característicos, a saber: en los barrios periféricos (las banlieues), en las antiguas ciudades fabriles y mineras del noreste hoy en ruinas, en los municipios donde las autoridades han sido procesadas por corrupción y, finalmente, en las zonas turísticas del litoral mediterráneo cuyos residentes temen que los inmigrantes invadan su paraíso.

En cuanto a los valores, quienes confiesan votar al FN dicen tener miedo al mercado, a la globalización y a la competencia que supone la emigración, y exponen que rechazan a los partidos tradicionales, a los pijos, a los banqueros y al statu quo. Destaca, a la vez, que entre los votantes del FN solamente la mitad de ellos se consideran de derechas, mientras que un 20% se dice de izquierdas (!) y el resto no se identifican ni con unos ni con otros.

¿Qué nos dicen estos datos? Básicamente, que el voto del FN no representa el sufragio tradicional de la derecha conservadora, sino el de un colectivo que se siente vulnerable ante un futuro incierto y que frente a su indefensión abraza un mensaje de odio, xenofobia y exclusión. En este sentido, la pregunta crucial no es por qué el FN consigue arrastrar tanto voto, sino por qué las formaciones republicanas y de izquierdas no son capaces de dar respuesta a las demandas de aquellos ciudadanos que se sienten desprotegidos frente una sociedad y un mercado cada vez más implacables. Sin duda el FN da miedo, pero también lo da la incapacidad del resto de formaciones de dar una respuesta solidaria, creativa y convincente a las incertidumbres que genera el presente.

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