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Análisis

Hollande, antídoto de 'Merkozy'

Carlos Carnicero Urabayen

Después de 30 años en la política, pero sin responsabilidades de gobierno, François Hollande acaricia el sueño del socialismo francés de regresar a la presidencia de la República. De lograrlo, asumirá de facto el papel de líder de la izquierda europea, arrinconada del poder en casi todo el continente.

Nicolas Sarkozy ha tratado de sembrar el miedo en los franceses tras los atentados de Toulouse. El miedo paraliza y favorece el conservadurismo. Lo explotó bien George Bush tras el 11 de septiembre del 2001. Pero ni Toulouse ha sido el

11-S ni la década de 2000 se parece a esta. Y es que, por mucho que Sarkozy se empeñe, la economía manda.

Sarkozy arrastra el fantasma de edecán de Angela Merkel y cómplice de esta receta anticrisis que está haciendo agonizar al paciente europeo. Ahora carga con sus malos resultados en Francia (creciente desempleo, aumento de la deuda pública, déficit y pérdida de la triple A). Su desesperación lo ha llevado al ridículo de proponer un nuevo rol para el Banco Central Europeo para apoyar el crecimiento. Justamente lo que lleva meses pidiendo Hollande y niega rotundamente su aliada Merkel. No ha cuajado.

Paradojas de la crisis

Hollande tampoco está siendo preciso sobre las medidas con las que reformará el Estado para disminuir el déficit ni habla con claridad sobre la gravedad de la situación, pero le favorece de manera natural el creciente antisarkozismo. Y sobre todo, haber presentado una alternativa para matizar la austeridad y fomentar el crecimiento. Su mensaje de justicia contra el mundo financiero tiene un sonido utópico, pero se identifica con millones de ciudadanos: ¿hasta cuándo vamos a hacer esfuerzos por los mercados si estos después los ignoran?

Las paradojas de esta crisis han llevado a que destacados conservadores apoyen a Hollande para terminar con la mitad de Merkozy. Jac-ques Chirac lo dice abiertamente, pero Mariano Rajoy lo desea en sueños: un contrapunto al dogmatismo de Merkel podría darnos oxígeno para arreglar nuestras cuentas a un ritmo razonable.

Además de apostar por los grandes mitines, Hollande se ha inspirado en la campaña electoral de Barack Obama del año 2008 para lanzar a sus militantes y simpatizantes a que expliquen su programa puerta a puerta. En la era de Twitter, el contacto humano sigue siendo fundamental, sobre todo para diferenciarse del distante Sarkozy. Si Hollande logra ganar en la primera vuelta, le reforzará para la segunda su imagen de presidenciable.

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