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LA CARRERA HACIA EL ELÍSEO

Francia se cierra

La inmigración ocupa un papel destacado en la campaña electoral, con propuestas de los candidatos para reducir el número de entradas

Sarkozy recupera su discurso más duro

Marta López

Firmeza con la inmigración, seguridad por encima de todo e identidad nacional. Con este discurso, Nicolas Sarkozy se consolidó en el 2007 como candidato electoral y ganó la presidencia de Francia. Cinco años después, esos conceptos no figuran entre las primeras preocupaciones de los franceses. Han quedado relegados al noveno o décimo lugar. Los miedos de hoy son otros: el paro, la vivienda, el poder adquisitivo… Pero aun así, atizado por la extrema derecha de forma machacona, el tema migratorio sigue estando muy presente en la campaña de las presidenciales, que el domingo llegan a su primera vuelta.

En esta última semana de mítines y desplazamientos antes de la primera cita con las urnas del calendario, el propio Sarkozy ha abordado con fuerza el asunto, cuando pierde colchón en los sondeos ante su rival socialista, François Hollande, quien ya se ha erigido en el gran favorito para ocupar el Elíseo desde la primera vuelta. Apurando el poco tiempo que le queda, el candidato-presidente es consciente de que necesita beber más todavía del voto que ahora va a Marine Le Pen -a la que los sondeos otorgan un 15%de los sufragios- para seguir al frente de la V República.

En Bretaña, el pasado martes, Sarkozy cambió su discurso de defensa del laicismo frente al islam para recordar las raíces cristianas de Francia. «En Bretaña, donde hay tantas iglesias y capillas, se puede ir a misa o no ir. Pero saber de dónde viene uno y quién es te permite tender la mano al resto».

Francia es un país cada vez más mestizo y no hace falta ir a los barrios de la periferia para corroborarlo. La multiculturalidad de esta sociedad se aprecia a simple vista en las terrazas que, en una mañana soleada como ayer, se llenan a la hora del desayuno y del almuerzo en el céntrico boulevard Montparnasse. En las calles aledañas, muchos de los comercios y restaurantes están regentados por extranjeros como Aswad, marroquí, que cuenta como llegó a este país de las oportunidades buscando una vida mejor que no le resultó tan fácil y que ahora, con la crisis, «se complica más».

Menos llegadas

En total, 11,5 millones de inmigrantes o hijos de inmigrantes residen actualmente en el país y cada año se producen unas 180.000 llegadas, según cifras del Alto Consejo de la Integración, que Sarkozy desea reducir a la mitad (Le Pen propone dejarlas en 10.000). «Tenemos demasiados extranjeros en nuestro territorio», ha dicho el dirigente, que tiene entre sus promesas electorales la de revisar los acuerdos de Schengen sobre la libre circulación de personas entre los países de la Unión Europea.

«El discurso de la inmigración está muy presente en la extrema derecha y en la derecha y no tanto en la izquierda, que se muestra más timorata sobre este asunto porque su electorado está muy dividido», dice a este diario Virginie Guiraudon, experta del Centro de Estudios Europeos de París. Efectivamente, Hollande se mueve en este terreno con pies de plomo y estima que la inmigración económica debe adaptarse al contexto económico. Descarta de forma tajante, eso sí, una regularización en masa de sin papeles como la que llevó a cabo en España José Luis Rodríguez Zapatero tras ganar las elecciones del 2004 y en una entrevista al diario Libération dijo que el asunto de las regularizaciones se abordará el asunto «caso por caso».

En una Francia con una fuerte presencia de la comunidad musulmana -de entre 5 y 7 millones de personas para las que se están construyendo 150 nuevas mezquitas- y una candidata empeñada en denunciar día sí y día también la islamización del país, la campaña pudo tomar un rumbo muy diferente tras los atentados de marzo en Toulouse y Montauban, perpetrados por el francés de origen argelino Mohamed Merah. Aquellos terribles asesinatos de tres soldados y cuatro judíos causaron gran conmoción por su extrema brutalidad y amagaron con convertirse en un mini 11-M a la francesa que pudiera desviar la atención de la crisis económica. «Pero los atentados apenas han tenido impacto en la campaña», afirma Guiraudon. Su influencia se notó durante una semana, que hizo escalar a Sarkozy moderadamente en los sondeos tras recuperar en beneficio propio el discurso de la seguridad, aliñado con unas operaciones antiterroristas mediáticas.

El protagonismo de la crisis

Pero el tiempo, por poco que parezca, es una eternidad en política y ha devuelto a la crisis económica a su lugar protagonista en la campaña. El miedo de los franceses no es como dice Le Pen a los «Mohamed Merah que llegan cada día a Francia en barcos y aviones». Es miedo a no poder pagar la hipoteca, es miedo a que la cifra de cuatro millones de parados siga creciendo, es miedo a la pérdida de competitividad y a las consecuencias de las políticas de austeridad y rigor que se imponen.

Es. en resumen, el miedo a un futuro incierto en una Europa que zozobra y en un mundo globalizado al que los franceses culpan de buena parte de los males que les aquejan. Francia se cierra en sí misma y en sus temores y no solo hacia los inmigrantes, que también lo tendrán mucho más difícil para hacerse un hueco en el país de las libertades.

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