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Análisis

Elecciones en México: ¿El regreso del PRI?

Salvador Martí Puig

Hoy en México arranca oficialmente la campaña electoral para la elección del nuevo presidente de la República, 128 senadores, 500 diputados y diversas autoridades locales y estatales. Los comicios se efectuarán el 1 de julio y, desde hoy hasta ese día, todos los candidatos en liza van a desplegar gran cantidad de recursos para atraer simpatías, lealtades y, a la postre, votantes. Se trata de la segunda campaña más cara del mundo después de la norteamericana.

Las elecciones mexicanas son un evento de trascendencia internacional debido a la condición de «potencia media» del país y a su estratégica posición geopolítica, pero este año este proceso tiene dos ingredientes que lo hacen más llamativo. El primero es que la contienda se desarrolla en un contexto de intensa violencia fruto de la guerra desatada entre los cárteles del narco y de las erráticas medidas implementadas por Felipe Calderón. Y el segundo es el probable regreso del PRI al poder de la mano de Enrique Peña Nieto, un candidato telegénico apoyado por grandes grupos económicos aunque con poca capacidad argumental.

Ante ello muchos se preguntarán: ¿Es posible que el viejo PRI pueda volver al poder? La respuesta es afirmativa y se debe a la conjunción de tres elementos. El primero es la profunda frustración producida por las dos administraciones del PAN (la de Calderón y la de Fox) que no solo no respondieron a las expectativas creadas, sino que llevaron al país a unas cotas de descrédito internacional inauditas. El segundo es la incapacidad del candidato de la izquierda, Manuel López Obrador, de restañar las heridas internas presentes en su propia formación (el PRD) y de distanciarse de la imagen de «radical» que crearon sus adversarios antes y después de las elecciones del 2006. Y el tercero es la nostalgia de muchos mexicanos por un pasado hoy idealizado que se gestó en la década de los treinta y que pervivió hasta los años noventa de la mano del PRI. Para muchos mexicanos, el «régimen priista», si bien tenía rasgos autoritarios y clientelares, generó crecimiento económico, produjo una cierta cohesión social y estableció de forma clara y sin equívocos unas reglas del juego que todo el mundo respetaba. Hoy eso es una ficción.

Sin embargo, más allá de quien gane los comicios, todos los candidatos saben que es imposible un regreso al pasado. A pesar de ello Peña Nieto, con aire de galán de telenovela, promete nostalgia. Hoy el PRI, con un 40% de la intención de voto y con 14 puntos de ventaja respecto a su rival más inmediato, parece condenado a la victoria. Pero hace seis años López Obrador estaba en la misma situación y, al final, no consiguió la presidencia.

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