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LA CHAMPIONS DEL CATOLICISMO

El Vaticano retira el patrocinio a la Copa Clerical

La conducta de hinchas y futbolistas no era la adecuada a los valores que pretendía inculcar la Iglesia

La competición, idea del cardenal Bertone, enfrenta a equipos formados por curas, seminaristas y algún monseñor

ROSSEND DOMÈNECH / Roma

Pocos hinchas profanos asisten a la que debía ser la primera división de la Copa Clerical, pero de hacerlo constatarían que los aficionados de tan singular competición comenzada en el 2007 no se distancian mucho de los del Barça cuando juega con el Real Madrid. Gritos, chorreos, gestos, camisetas contra el árbitro, silbidos, poco inocentes zancadillas, algún que otro golpe bajo... La cosa ha ido a tanto en estos años de campeonato clerical, que el Vaticano ha decidido dejar de patrocinarlo en esta temporada. "Hinchas demasiado desencadenados", explican.

Los jugadores de la competición son curas, seminaristas y algún monseñor. Los equipos que participan cada año son entorno a los quince y llevan nombres que se prestarían a comentarios jocosos si no fueran irreverentes. Están el Madre de la Iglesia de los Legionarios, el Sede de la Sabiduría del Opus Dei, el Redemptoris Mater, el Letrán y no podía faltar el Dos Santos.

Idea de Bertone

La Champions vaticana, como algunos la definieron, surgió a partir de una idea del cardenal Tarsicio Bertone, actual secretario de Estado del Vaticano y con alguna experiencia de comentador deportivo en una televisión de Génova, donde había sido obispo. La idea original era ofrecer a los clérigos una especie de educación deportiva, tal vez por aquello de mens sana in corpore sano. La Radio Vaticana ya contaba con un programa de comentarios de los partidos del domingo, realizados por obispos de la península italiana. Monseñor Bertone, que es salesiano y por ello acostumbrado a tratar con jóvenes, lanzó la idea y cundió. La conferencia episcopal italiana puso su logo y luego se sumó el Estado pontificio.

Sin embargo, en esta temporada recién comenzada los jugadores no llevan el pin del Papa. El patrocinio "no ha producido aquella serie de actividades formativas que esperábamos", explican, subrayando que lo que interesaba era "la formación y educación de los jóvenes, la enseñanza del respeto y de la solidaridad", que no se habría producido.

Agresividad poco cristiana

Una vez en el césped y en las graderías, tanto jugadores como aficionados se han dejado arrastrar por el fervor del momento y así un jugador africano del Burkina Faso ha lanzado la camiseta contra el árbitro, un grupo de monjas han puesto la voz en grito por una falta que consideraban inocente, varios jugadores han tenido que ser expulsados por conducta irregular y más bien violenta por más que fueran del Colegio del Apóstol Pablo. Por no decir del penalti injusto que en partido final del campeonato pasado favoreció a un equipo, provocó el revuelo de los adversarios y el árbitro tuvo que sacar varias tarjetas amarillas, justificándose en alta voz: "serán curas, pero ¡esto es una final!"

Los partidos suelen durar una hora, con un descanso y además de las tarjetas habituales cuentan con otra de color azul. Se usa para castigar a un jugador con cinco minutos de suspensión y salida del campo, tras los que puede reincorporarse. La mayoría de los más de 300 jugadores que participan en la competición proceden de Latinoamérica, África y Asia y representan a más de 50 nacionalidades. La Copa final consiste en un balón de color plata con sombrero Saturno --el típico de los curas de antes-- del que cuelgan dos botas de fútbol.

En los años, los presidentes italianos del Coni y de la Liga han sido invitados a seguir los partidos y más de alguno ya soñaba que un día, quizás, "el" Vaticano habría jugado en primera división de Italia. "Se trata solo de un deseo", puntualizó Bertone, desmintiendo el rumor; aunque Lotto (lotería), otro de los patrocinadores, ya tenía preparada una camiseta adecuada de color blanco con bordes amarillos y un escudo con las llaves de san Pedro. Pero los proyectos se han visto frustrados por la pasión deportiva, con choques entre jugadores, insultos a los hinchas adversarios y eslóganes a grito pelado a favor o en contra. Todo ello ha acabado con el patrocinio papal. Para esta temporada habrá solo el de los obispos italianos.