14 ago 2020

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TRAS UN RETRASO TEMPORAL

EEUU ejecuta a Troy Davis pese a las protestas y la oposición internacional

El recluso, condenado a muerte por el asesinato de un policía, ha fallecido esta madrugada en Georgia tras una inyección letal

IDOYA NOAIN / Nueva York

Uno de los principales argumentos contra la pena de muerte es que se corre el riesgo irreparable de ejecutar a una persona inocente. Anoche, en Estados Unidos, en una prisión de Jackson (Georgia) y tras un retraso de casi cuatro horas sobre el horario previsto, Troy Davis le dio más peso a este argumento cuando, en sus últimas palabras antes de ser ejecutado, insistió en voz alta en la inocencia que tanto él como sus abogados llevan manteniendo dos décadas y en la que creen centenares de miles de personas. "Lo que sucedió aquella noche no fue culpa mía, no tenía una pistola. No maté personalmente a vuestro hijo, padre, hermano", dijo Davis mirando directamente a los familiares del policía Mark MacPhail, asesinado en 1989, que desde la primera fila observaban lo que iba a suceder. "Soy inocente. Lo único que puedo pedir es que miréis más adentro en vuestra alma para que acabéis viendo realmente la verdad".

Minutos antes de las 11 de la noche (las cinco de la madrugada en España), empezó el proceso de aplicación de la inyección letal. Y Davis, que tres veces antes del miércoles había conseguido que los tribunales frenaran su ejecución en el último momento y que ha sido objeto de la más activa campaña internacional contra la pena de muerte, en la que se han recopilado la cifra de record de 630.000 peticiones de clemencia, fue declarado muerto a las 11.08 horas.

Dudas e irregularidades

El miércoles, por unas horas pareció que esquivaría la muerte este hombre negro de 42 años, cuya condena lleva años envuelta en dudas ante la falta de pruebas físicas y por las irregularidades de un caso con tintes de discriminación racial y en que siete de los nueve testigos que le inculparon posteriormente cambiaron su testimonio, en algunos casos asegurando que inicialmente lo habían señalado bajo presión de la policía.

Los nueve jueces del Tribunal Supremo de Estados Unidos, que aún no está en sesiones, recibieron poco antes de la hora inicialmente prevista para la ejecución (las siete de la tarde) una última apelación de los abogados de Davis, que habían fracasado en todos los recursos ante instancias judiciales inferiores, intensificados en los últimos días y horas. Y mientras deliberaban sobre si aceptarla o no Georgia pospuso la ejecución.

La espera provocó una mezcla de angustia y esperanza. Pero todo se desvaneció cuando el Supremo (que hace dos años había dado el inusual paso de conceder a Davis el beneficio de que se le realizara otra vista) decidió no aceptar el caso.

Defensa de su inocencia

En la camilla donde recibió la inyección letal, además de proclamar su inocencia y pedir a sus defensores que "sigan luchando" para aclarar la verdad sobre lo sucedido en un aparcamiento de un Burger King de Savannah en 1989, Davis se dirigió a sus ejecutores. "A los que me váis a quitar la vida: que Dios se apiade de vuestras almas, que Dios las bendiga".

Anneliese MacPhail, la madre del policía muerto, se declaraba posteriormente "no alegre pero algo aliviada" tras "una larga larga batalla" tras la que espera "poder pasar página". La viuda de MacPhail, Joan MacPhail-Harris, se negaba a que se llamara "víctima a Davis". "Hemos vivido con esto 22 años, nosotros somos víctimas". Mientras, Brian Kammer, uno de los abogados de Davis, lamentaba lo ocurrido. "Georgia ha cometido algo profundamente vergonzante al no errar del lado de la vida cuando hay dudas significativas", dijo.

Con la ejecución de Davis (la segunda de ayer en EEUU tras la de un supremacista blanco en Tejas), Estados Unidos suma ya 1.267 muertes oficialmente sancionadas desde que se reinstauró la pena capital en 1976.

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