14 ago 2020

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entrevista con el PSIQUIATRA Y PROFESOR EN LA UNIVERSIDAD DE NUEVA YORK

Luis Rojas Marcos: «El sentimiento de vulnerabilidad forma ya parte de nosotros»

RICARDO MIR DE FRANCIA
WASHINGTON

Luis Rojas Marcos era director de los hospitales públicos de Nueva York cuando la historia dio un giro perverso e inesperado aquel 11 de septiembre. No solo salvó la vida casi por accidente, huyendo del centro de emergencias del World Trade Center poco antes de que fuera engullido por la primera torre, sino que tuvo que lidiar con el drama multiplicado de sus pacientes. Una década después, analiza en una entrevista telefónica las secuelas en su ciudad adoptiva.

- ¿Qué secuelas arrastran los testigos del 11-S, 10 años después?

- Todavía tenemos un grupo de personas que sufre estrés postraumático: insomnio, estados de estrés continuo, aislamiento social, alcoholismo y abuso de tranquilizantes. Esta gente sigue reviviendo las imágenes de aquel día, que se cuelan en su mente e interfieren en su vida diaria. Se calcula que son entre el 2% y el 3% de los que vivieron el 11-S, aunque son porcentajes complicados porque nadie ha estudiado a todas las miles de personas que resultaron afectadas directamente o indirectamente.

- ¿Se sigue hablando en la ciudad de lo que pasó aquel día o se ha enterrado como se entierran muchos traumas dolorosos?

- Nueva York ha superado el 11-S. Ya no interfiere en la capacidad de sus habitantes para sacarle lo mejor a la vida. Aunque no significa que lo haya olvidado. Es un capítulo en la vida de muchas personas, incluyéndome a mí, pero con el tiempo ha ido cicatrizando. Esta es una ciudad de psiquiatras y psicólogos, y la gente entiende que contar su historia es terapéutico. Hablamos mucho los unos con los otros aunque no nos conociéramos y, de algún modo, hubo una catarsis colectiva. Muchos se preguntaban por qué nos odian y eso hizo que se desatara el interés por la historia y las relaciones con los países musulmanes.

- ¿Ha cambiado Nueva York?

- La ciudad ha recuperado su ritmo, pero el sentimiento de vulnerabilidad, indefensión e incertidumbre ha pasado a formar parte de quienes somos. Otro cambio apreciable tiene que ver con el turismo nacional. Esta ciudad siempre ha tenido mala prensa en el resto del país. Para otros estados Nueva York era una ciudad pecaminosa y materialista, tanto que algunos se cambiaban la matrícula al salir de la ciudad porque sabían que los neoyorquinos no caían bien. Desde entonces se ha convertido en un centro de peregrinación nacional. La gente viene a visitar la Zona Cero.

- ¿Hay algo que haga a Nueva York más resistente a las catástrofes?

- En general las ciudades son más resistentes porque estamos todos más cerca. Hay más unión y solidaridad, y esa cercanía es muy importante a la hora de superar cualquier trauma. También ayuda que esta sea una ciudad de inmigrantes porque la tolerancia y la diversidad contribuyen a curar las tragedias. Esto no quiere decir que en las semanas posteriores al 11-S no se dieran brotes de xenofobia y discriminación contra los musulmanes o quienes lo parecieran.

- En EEUU se habla de la generación de los baby boomers de la posguerra y, ahora, de la generación 11-S. ¿Tienen los niños de aquellos días rasgos diferenciales?

- Sí, porque es una generación que ha crecido con imágenes. El secreto de la gente con memorias extraordinarias es su capacidad para transformar ideas y símbolos en imágenes. El 11-S sucedió durante el telediario de las nueve de la mañana. Todo se grabó, desde las torres desmoronándose a aquellas personas cayendo al vacío. Los veinteañeros de hoy ya no tienen esa prepotencia de otras generaciones. Se sienten vulnerables.

- ¿Están más comprometidos social y políticamente?

- Están mas interesados en lo que pasa fuera de EE UU. No hay esa tendencia a mirarse tanto el ombligo, una de las razones por las que algunos piensan que este es un país ignorante respecto a lo que pasa en el mundo. El 11-S empujó a mucha gente a buscar las causas de que haya grupos que buscan la muerte de estadounidenses. Hasta entonces solo les interesaba a los intelectuales, la prensa u otros a los que les interesaba por algún motivo.

- ¿Está el país más preparado para hacer frente a una tragedia?

- Indudablemente, y no solo EEUU. Después de muchos años temiéndole al plutonio y la bomba atómica, nos dimos cuenta de que bastan cuatro aviones y 19 fanáticos armados con navajas para crear esta mezcla de tragedia humana y cataclismo. Los hospitales cuentan ahora con duchas para miles de personas que podrían ser contaminadas con elementos químicos o radiactivos. También se han creado protocolos para encauzar el altruismo ciudadano. Tras los atentados llegué a ver listas con 15.000 voluntarios, pero entonces no se sabía muy bien qué hacer con ellos.