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Catástrofe en el Pacífico

Entre la timidez y el fragor

La cobertura internacional del desastre indigna a la opinión pública japonesa

«Hollywood y el periodismo occidental están detrás del pánico nuclear», asegura un experto en radiación

Adrián Foncillas

La crisis está lejos de cerrarse. Los reactores de la central nuclear de Fukushima se alternan a diario el título de más preocupante en función de cuál emana más humo o sufre la mayor explosión mientras la radiactividad cubre verduras, leche y agua del grifo, por ahora. Pero Japón sigue en el mapa y el nubarrón de Chernóbil se disipa. Aunque continúa la «extrema gravedad», admite el Gobierno, los días más crudos quedan atrás. El apocalipsis japonés comparte el limbo con los millones de muertos de la gripe aviar y las armas nucleares de Sadam. Es hora de juzgar los titulares de la prensa occidental.

En Japón indigna la cobertura internacional del desastre, por catastrofista y sensacionalista. También en muchos sectores occidentales. La web Japan Quake Facts promete informar solo sobre «hechos» y pide ayuda para finalizar «el innecesario caos y miedo». Buena parte de la comunidad española en Japón se ha organizado en Facebook para denunciar los excesos de la prensa española. Otras webs listan errores e hipérboles. El experto Glen Sjoden defendió en la CNN que la crisis se había sobredimensionado e inmediatamente después un rótulo anunció entre exclamaciones que la fusión nuclear era posible.

Aumentar las ventas

Japan Times es el diario en inglés más leído en Japón. Cuando la prensa occidental hablaba del segundo Chernóbil, publicó un reportaje de dos periodistas japoneses titulado No hay signos aún de una catástrofe como Chernóbil, sólidamente apuntalado con expertos. «Sí, muchos medios han sido irresponsables -opina Chris Betros, su editor-. Algunos ni llegaron a las zonas afectadas. Les han interesado menos los miles de muertos que la radiación y, cada vez que esta baja, vuelven su atención a Libia. Ni Fukushima es Chernóbil ni la amenaza a Tokio es real. Pero hablar de apocalipsis aumenta las ventas».

Evan Douple es jefe de investigación de la Fundación sobre los Efectos de la Radiación de Hiroshima y Nagasaki y una eminencia mundial frecuentemente consultada. «Es impresionante las veces que me han citado mal y han incluido informaciones equivocadas -reprocha-. El periodismo occidental y Hollywood están detrás del pánico nuclear. Falta rigor. Los titulares los eligen los editores, que están muy lejos de la acción. No se debería publicar la detección de yodo 131 en EEUU, sino informar de que las dosis no suponen un peligro. Se asimila niveles de seguridad a radiación cero, que es imposible de conseguir, en lugar de a niveles aceptables de riesgo».

Hoy es innegable que hubo excesos. Pero para ser justos y eludir el resultadismo se debe regresar al 14 de marzo. La central nuclear había sufrido dos incendios y una explosión. Dos agujeros de ocho metros cuadrados en la vasija del reactor 4 ponían en contacto las barras de combustible con el exterior. El primer ministro, Naoto Kan, reconocía el riesgo de «una mayor filtración» y extendía el radio de exclusión. Solo se quedaban de desesperado retén 50 de los 800 operarios.

Priorizar el bien común

Günter Öttinger, comisario de Energía de la UE, hablaba de «apocalipsis» y de una «situación fuera de control». Expertos españoles defendían que la catástrofe era inminente e inevitable. Corresponsales curtidos en mil guerras hacían las maletas, multinacionales fletaban vuelos chárter para evacuar a su personal del país y muchas embajadas se mudaban a Osaka, en el sur. Si no era una catástrofe nuclear, se le parecía mucho. ¿Se puede informar en ese cuadro sin fomentar el alarmismo?

En ello se concentró la prensa japonesa. Con la perspectiva que da el tiempo, su enfoque más sosegado no era erróneo. Ha recibido críticas por «tímida» y fiel a la línea oficialista. La prensa japonesa es libre, pero arrastra servidumbres. No acostumbra a contar con más opiniones que las oficiales, asegura un periodista de aquí. Y, como el resto de la sociedad, prioriza el bien común al individual. Provocar el caos sería inaceptable.

Tokuhito Saito es periodista del Asahi Shimbun, el diario japonés más leído. «La prensa tiene que evitar el caos en una desgracia así. La prensa española reaccionaría igual si pasara en España. Ahí radica el diferente tratamiento. Además, la radiactividad les suena a los occidentales a Chernóbil, pero los japoneses tenemos un conocimiento más cercano por Hiroshima y Nagasaki. Nos veis muy tranquilos, pero la amenaza nuclear nos aterroriza y no sería difícil que llegaran los desórdenes sociales. Por eso, ante esta desgracia, hasta los diarios más extremistas adoptan una línea más relajada».

Las críticas japonesas suelen obviar algunos aspectos. Fue Tokio quien habló de la mayor crisis desde la segunda guerra mundial. El Gobierno y la empresa que gestiona la planta de Fukushima no son ajenos a la falta de información y a la confusión. Los tokiotas que se encerraron en sus casas durante días o que han vaciado de agua embotellada las tiendas a pesar de los mensajes de calma del Gobierno no leen prensa extranjera.

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