24 oct 2020

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DETERIORO DEL SISTEMA DE SALUD

Farmacias tristes en Cuba

La penuria que sufre la isla afecta al suministro de decenas de medicamentos, incluidos varios de los más usados

El 90% de las materias primas para elaborarlos son importadas

HUGO L. SÁNCHEZ
LA HABANA

En dos partes, a la manera de quien separa naipes en una pareja de jugadores, la farmacéutica va dividiendo las recetas que un médico le acaba de indicar a su paciente, ahora frente al mostrador y con una expresión en el rostro de pocos amigos o más bien ninguno: ya sabe lo que le espera.

Al terminar, la dependienta devuelve casi todas las recetas y se queda solo con una. Por respuesta, dice del resto: «Están en falta» o «solo se encuentran a nivel de hospital» y, si entra en confianza, agrega: «No las hay ni en los centros espirituales».

La escena ocurre en la farmacia de la esquina de Concordia y Campanario, pero se repite en La Habana a cada hora, cada día y cada vez con mayor frecuencia: la lista de los medicamentos que escasean en ocasiones pasa del centenar y los médicos cubanos -que se precian de ser buenos y lo son- a la profesión le han tenido que añadir las artes del mago para ir aliviando males.

La isla del asma

A fin de tratar de amortiguar la situación, por lo menos en algo, la aduana nacional, que solo permite entrar en el país hasta 20 kilos, está aceptando 10 adicionales en medicinas y otro tanto de alimentos, que, por igual, no abundan.

El más común de los fármacos perdidos quizá sea la benadrilina (difenhidramina) o polaramine, como se le conoce en otras tierras. Es un antihistamínico de mucho uso en esta isla de humedad y asmáticos, y pudiera asegurarse que sería difícil hallar a un cubano, entre los 11 millones que la habitan, que no lo haya requerido alguna vez en su vida.

En Cuba se distribuye un total de 868 fármacos y, de ellos, 585 son de producción nacional, en la que el país emplea 100 millones de pesos anuales, algo así como 3,5 millones de euros.

En cuanto a la benadrilina, pues ya no existe ni en las farmacias especializadas, un bonito término empleado para decir que en esos lugares solo se vende por divisas y resulta muy caro todo, lejos, lejísimos del bolsillo de la mayoría de la gente de aquí.

En cambio, en las demás, las droguerías -la más importante durante la república fue la del catalán Ernesto Sarrá, el segundo hombre en tener un automóvil en Cuba-, donde se compra en pesos, la moneda nacional, los medicamentos están subsidiados y resultan en realidad muy baratos.

Las autoridades han asegurado que de ahora a diciembre irán satisfaciendo las demandas, pero no han revelado el motivo real de esta carencia de fármacos. Es de suponer que falten, como muchos productos más, debido a la crisis de liquidez en que se encuentra sumido el país. La isla requiere importar más del 90% de las materias primas para elaborar medicamentos.

O, quizá, la razón de esta carestía se pudiera hallar interpretando la frase de Fidel Castro: el modelo cubano ya no funciona ni siquiera aquí.

Resulta que el país gasta en materia de salud -gratuita junto a la educación, la otra de las dos principales joyas de la corona revolucionaria- el 10% del Producto Interior Bruto (PIB) de esta nación empobrecida, castigada por medio siglo de embargo estadounidense -hay niños ciegos por la falta de un medicamento que en su momento no permitieron comprar en EEUU- y una enorme colección de disparates económicos.

Campeones de la paciencia

La salud constituye, de tal manera, uno de los sectores más poderosos en cuanto a recursos financieros que, al decir del diputado y comentarista de temas económicos para la televisión Ariel Terreno, son «mal administrados» debido a la «desorganización» imperante en ese sector.

La nueva carestía trae aparejado el mal recuerdo de los primeros años de la década de los 90 del siglo pasado, luego de la caída del comunismo en Europa, cuando para completar un tratamiento de antibióticos los vecinos de una manzana iban reuniendo pastilla a pastilla, casa por casa.

Ahora la gente espera a que vuelva a entrar el transporte de suministros a ver si vino la benadrilina u otro medicamento de los que faltan: antidepresivos, analgésicos... Si no, tranquilo que la distribución será en los próximos ocho días -así es el lapso de reposición de reservas-, o 16, o quién sabe... porque también el saber esperar tiene su poco de entrenamiento, y en eso de tener paciencia, mucha paciencia, los cubanos son los campeones mundiales.