03 abr 2020

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CRÓNICA DESDE estambul

El viento de los tigres de levante

Joan Clos

Los vuelos diarios a Estambul desde nuestro país han pasado en poco tiempo de dos diarios, uno desde Barcelona y otro desde Madrid, a ocho, cuatro desde cada capital. Se habla de una próxima ampliación de un par de vuelos más. Este aumento espectacular de frecuencias aéreas se deja notar incluso en la gigantesca metrópoli.

Es frecuente escuchar catalán no tan solo en el Gran Bazar de la ciudad o en la plaza de Sultanahmet, el epicentro turístico, sino que ya resuena también en Levent, el distrito de gran actividad económica por antonomasia.

En este distrito se acaba de terminar el que es según los turcos el edificio más alto de Europa, una torre de negocios de 261 metros de altura llamada Sapphire, símbolo de los recientes y acelerados cambios que está viviendo la sociedad turca.

Estambul, junto con Esmirna, es el bastión de la élite laicista que ha detentado el poder económico y social desde la proclamación de la República en 1923 hasta el año 2000.

A lo largo de los últimos 10 años otra élite proveniente de la pequeña burguesía basada en las ciudades medianas de la Turquía profunda ha ido creciendo en importancia y en habilidad política y se ha hecho con el Gobierno. Las dos mayorías absolutas sucesivas de la fuerza política gobernante, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), son la constatación de la trascendental evolución.

Victoria política

Este cambio de manos del poder político -de la emergencia de los llamados Tigres de Anatolia-, lo que en 2002 fue solo una victoria política, ahora ya tiene otros correlatos sociales como la victoria del en el referéndum celebrado recientemente para la reforma Constitucional.

También, como no podía ser de otra manera, este nuevo viento de levante empieza a modificar el cuadro del poder económico. Junto a las tradicionales grandes familias que han ostentado el poder desde los años 30, ahora emergen nuevas fortunas que ya se tutean con la elite clásica.

En los últimos 10 años el crecimiento económico de Turquía, con la crisis incluida, tiene un promedio acumulativo del 4,5%, y esta línea sostenida se deja ver en la cantidad de autopistas, carreteras de circunvalación, líneas de alta velocidad, inversiones turísticas en la costa del Mediterráneo y en la costa del Egeo, y en una industria creciente que ya no solo es fuerte en el sector textil sino que es fuerte en el sector del automóvil, y empieza a dar pasos firmes en el sector aeronáutico con la construcción de varios componentes de los aviones de la consorcio Airbus.

Nuevos holdings con intereses en sectores diversos, como el de la energía, la banca, los medios de comunicación, la construcción o turismo, van creciendo como setas de primavera en distintos parajes.

Como guinda de este proceso ahora casi de forma sorpresiva resulta que el edificio más alto de Estambul, y dicen que también de toda Europa, lo han plantado en Levent, el patio particular de la élite clásica, dos hermanos, Nahit y Vahit Kiler, dueños del Kiler Holding, jóvenes emprendedores anatolios que hace tan solo 10 años regentaban una pequeña tienda.

Turquía cambia y está muy bien que haya muchos más vuelos diarios entre nuestros países y que además de visitar los cuarteles turísticos, empecemos a conocer los barrios y distritos de negocios de Estambul y de las otras capitales emergentes. Extraordinario cambio.