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Espera tensa en Copiapó

Los mineros chilenos y sus familias batallan contra la impaciencia

Los allegados permanecen acampados mientras se perfilan los detalles de la operación de rescate

El Gobierno endurece las normas de seguridad en la minería y empieza a clausurar yacimientos

Abel Gilbert

Los encargados de sacar de las profundidades de la tierra a los 33 ya tienen una certeza técnica. La operación final que los traerá de vuelta a la superficie tendrá una duración de aproximadamente un día y medio. «Sí, pero ¿qué día?», preguntaban ayer, insistentes, los familiares de los trabajadores, en el campamento La Esperanza, que se levantó cerca de la mina San José. Y esa es la respuesta que nadie se atreve a dar con la misma certeza. Entre otras cosas porque el rescate, cuya fase final se inicia mañana con el encendido de la máquina Strata Raise Borer, que taladrará la piedra, tiene complejidades y posibles imprevistos.

Hay que perforar unos 15 metros de roca a diario y son 688 metros de profundidad los que separan a los 33 de la luz natural. El presidente Sebastián Piñera prometió a los familiares de los trabajadores que festejarían la próxima Navidad con los seres queridos. Nadie quiere por estas horas contradecir la palabra del Estado. Sin embargo, el proceso puede ser un poco más largo. Unas 34 horas durará la operación final de rescate de los 33 mineros atrapados.

'OPERACIÓN RETORNO' / La operación retorno, como algunos la llaman, tendrá lugar a las 19.00 horas, cuando el sol solo deja débiles retazos de su presencia. El escenario crepuscular fue decidido para que los mineros no sufran daños en su visión. Los tiempos del ascenso también están relacionados con la temperatura: los 33 pasarán de 36 a 5 grados.

Los tres meses que separan este presente de encierro y el instante en que la pesadilla quedará en la memoria como una herida curada obligan a los mineros a fijarse un protocolo de resistencia. Saben cómo cuidarse, pero nadie les garantiza que no surjan complicaciones propias de las circunstancias. Saben qué deben hacer en el socavón: limpiar, ordenar, moverse para mitigar los efectos del sedentarismo. Lo que no deja de ser un enorme interrogante para los de abajo y los de arriba es de qué modo el confinamiento los puede ir afectando psicológicamente.

«¿Qué pasa si se deprimen?», preguntan los familiares. «Hay que hablarles con la verdad», explican los especialistas. «Pero ¿y si siguen angustiados?», insisten en el campamento La Esperanza. No ha faltado el profesional que recomendó el envío de antidepresivos.

«Tenemos experiencia en cómo comportarnos en espacios confinados, cómo son los cuidados que hay que tener. Algo fundamental es mantenerse ocupados», dijo el comandante de la fuerza de submarinos, el comodoro Ronald von der Weth, quien pasó 37 días sumergido a 1.000 pies de profundidad, navegando entre Hawái y la costa chilena. Para el comandante, es vital que a los mineros se les informe de algo que les guste, como el fútbol. Algunas empresas distribuidoras de objetos suntuarios decidieron por lo pronto enviar a los 33 equipos diminutos y sofisticados para proyectar películas, escuchar música y hasta ver la televisión.

«NO ME VOY HASTA QUE SALGA» / Mientras, muchos familiares siguen durmiendo en el campamento La Esperanza, soportando los rigores del desierto de Atacama. La fría noche muerde los huesos. El día renueva las ilusiones. Las horas se estiran como goma de mascar. «Estamos acá desde el primer día. Y no me voy a ir hasta que salga -dijo Blanca Rojas, la madre de Víctor Segovia-. Por lo menos ya estoy más tranquila: sé que está vivo».

Esposas, madres, padres e hijo, se resignan a un hábito del siglo XIX: el intercambio epistolar. Las cartas les permiten saber qué les sucede a sus seres queridos. A veces, solo relatan hechos de la forzada vida en las entrañas. En otras, los mineros dejan saber lo que extrañan y qué esperan al salir: hablan de sabores que echan en falta, de sus mascotas, preguntan por hechos deportivos, cuentan como les ha renacido la fe, declaran amor eterno. «Las palabras nos alimentan. Mi hijo me pide que resista, que sea fuerte. Si los héroes son ellos», dijo Juan Sánchez, el padre de Jimmy, el más joven de los 33, quien a los 19 años bajó al socavón a ganarse la vida cuando la edad requerida para ese trabajo es de 21.

El costo total del rescate se calcula en unos 8 millones de euros. El Gobierno está decidido a que los dueños de San José lo asuman. Pero la empresa deberá a su vez afrontar la ola de juicios que ya empiezan a promover los abogados de los operarios. Los querellantes apuntan también contra los funcionarios que autorizaron el funcionamiento de una mina que ya cargaba sobre sus espaldas denuncias y suspensiones, a los que acusan de prevaricación.

El Gobierno de Piñera, formado casi en exclusiva por hombres de negocios, no quiere mostrarse complaciente con lo ocurrido. Resolvió endurecer las normas de seguridad en la minería y ha cerrado 18 yacimientos que no estaban en condiciones de cumplirlas. La patronal minera teme que se suspenda a otros 300 y agita el fantasma de la recesión para evitar sanciones.

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