29 mar 2020

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CRÓNICA DESDE colonia

Amores sellados sobre el Rin

Paola Álvarez

La moda no la han inventado ellos, pero son los que más provecho le están sacando hasta la fecha. Los amantes de la ciudad de Colonia se sumaron a la nueva tradición de colocar candados en puentes o vallas de edificios públicos como símbolo de amor eterno en el verano del 2008, y en tan solo un par de años han tomado los laterales del imponente puente de Hohenzollern, que cruza sobre el Rin.

La idea, nacida del libro de Federico Moccia Ho voglia di te –en español Perdona si te llamo amor–, saltó de la ficción a la realidad por primera vez en el 2006, en el puente Milvio de Roma, desde donde se contagió rápidamente a decenas de ciudades europeas, incluidas algunas españolas como Sevilla o Zaragoza. Ya sea para celebrar el amor recién estrenado o su resistencia a través de los años, las parejas buscan el candado que mejor representa su amor –con colores llamativos, formas de todo tipo o tamaños imposibles–, lo cierran en una valla o farola sobre el puente y lanzan la llave al río Tévere, al Sena o al Rin.

Pero el romanticismo en forma de candado pesa –no solo en sentido metafórico– y en algunos lugares las autoridades ya han tenido que tomar medidas. En el pionero puente Milvio, una farola acabó cediendo al peso del amor y han tenido que instalarse barras especiales para que nuevos enamorados puedan sumarse a la moda. Menos comprensivos fueron en Sevilla o en París, donde el ayuntamiento decidió retirarlos para ahorrarse problemas. La imagen de gendarmes deshaciendo las promesas que miles de parisinos habían atado a su amado Pont des Arts puso de punta el vello a muchos de los que aún se pasean por allí buscando a la Maga de Cortázar.

Visto el revuelo que se ha levantado en cada ciudad en la que se han intentado retirar, en Colonia han optado por dejar de resistirse y sacarle partido a la idea. Si bien al principio la empresa de ferrocarriles alemana, la Deutsche Bahn, amenazó con cortar por lo sano por la supuesta seguridad de los más de 1.000 trenes de su propiedad que cada día cruzan el puente, al final se dejó disuadir por un ayuntamiento que ha hecho suyo el símbolo. En la página web de la ciudad se destaca la idea y la entrega de los miles de ciudadanos que ya han sellado su amor al puente. «Es más bonito que los graffiti», dice un artículo alojado en la página que anima a las guías turísticas sobre la ciudad a incluir el detalle en sus recomendaciones. Para gustos, colores.

De lo que no cabe duda es de que la idea ha gustado en la ciudad del Rin, porque lo que empezó invadiendo un solo lateral del puente centenario se ha abierto ya a ambos lados y conoce todo tipo de variedades. Los hay que añaden candados pequeños –en símbolo de la descendencia, imaginamos–, los que no pueden permitirse más que un candado de bici y los que atan a su nombre varios candados con distintos nombres cual muescas en el revólver. También se ve algún que otro candado forzado de alguno que ha debido pensárselo mejor... Parece que no todo lo que se sella sobre el Rin dura para siempre. Veremos si pasa lo mismo con la nueva tradición.